domingo, 4 de septiembre de 2016

UNA ANECDOTA REAL CON EL SECRETARIO DEL MINISTRO DE DAWA DE ARABIA SAUDITA EN 1998


A-s-salamu ‘alaykum :

De las historias reales que he vivido, relativas a encuentros con gentes que se pueden ven enmarcados dentro del contexto de la Religión, voy a contaros uno de los más graciosos que tuve en 1998 con un señor saudita, jubilado, quien trabajó de secretario del ministro de Dawa de ese país. Se llamaba o se llama Umar Ibn Abdil-Aziz, nombre curioso por cierto, por la coincidencia con el jalifa bien guiado que llevaba ese mismo nombre.

Este señor de jubilado tenía poco pues venía con la misión de conocer a los musulmanes españoles, ya podemos imaginar por qué. Era viernes cuando me le presentaron, yo vivía en Tetuán, y después de rezar el Jumu’a en El Rincón de Mi’diq, fuimos a comer a mi casa. Al hombre le caí bien y no me soltaba la mano. Después de presentarle al padre de mi esposa y chayj de un servidor, comimos juntos, estuvieron hablando un buen rato entre ellos y subió a la planta de arriba a echarse una siesta. ¿Una siesta? No, una larga, larguísima siesta. A las 3 horas de estar durmiendo apareció el padre de mi esposa preguntando por él; como le informamos que dormía, dijo: “A ver si se nos ha muerto el buen señor” (debía tener entre 65 y 70).

A esto, hubimos de despertarle y lo que nos pudimos reir con él. Un servidor es que no se puede estar callado y precisamente tenía en casa un libro de hadices impreso en Libano en el año 1912 donde se encontraban dos hadices muy interesantes. Ese libro fue propiedad del chayj del padre de mi esposa, quien a la sazón fue discípulo del chayj Al Alawi cuando era muy joven. En uno de los hadices se decía que en los últimos tiempos el dinero se llamaría Dular y Yiuro (en pronunciación árabe); en otro, en cambio se informaba que habría dos naciones que ayudarían a los Banu Israil en los últimos tiempos; el hadiz daba estos nombres: ‘Amirika wa Inkilatirra (todo en pronunciación árabe). Pues no se me ocurre sino preguntarle por ese hadiz cuando de repente se espabiló como si hubiera tomado un café diciéndome: “El Profeta habló de dos naciones, pero no dijo los nombres”.

Pero esto no acabó ahí; a pesar de constatar que éramos sufís le caímos tan bien que le dijo al padre de mi esposa: “Que lugar más tranquilo donde vivir; anda búscame una casa que voy a venir a instalarme aquí” – Hasta ahora todo bien -; pero continuó diciéndole: “Y búscame una mujer entre 20 o 30 porque no voy a estar sólo”. Fue difícil contenerse la risa. A esto nos dio sus teléfonos y su número de Fax, y se fue esperanzado en que le íbamos a buscar aquella anhelada princesa.

A los dos meses mi esposa y yo vimos una casa que él podría comprar; pero el padre de mi esposa dijo con mucha guasa: 
“Dejadle tranquilo, que si se nos ha echado en casa una siesta de 3 horas, si le buscamos una princesita lo mismo se nos queda muerto y nos crea un problema diplomático”.

Y hasta aquí la historia del buen señor, el cual no sabemos si Allâh le conserva aún en vida; que Allâh se apiade de él.

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