domingo, 4 de septiembre de 2016

LOS SIGNIFICADOS DE LA ABLUCION

Dice un hadiz:

"La ablución es la mitad de la Fe (Imam)".

Aparentemente estas palabras tienen un significado concreto y poco más. No obstante, si lo consideramos adecuadamente vemos que el valor concedido a la ablución en ese hadiz parece exagerado comparado con el lugar que acordamos a la purificación ritual en nuestras vidas. Queremos decir con esto que en apariciencia la ablución es únicamente una preparación para el salat del cual dijo Rasulu-l-Lâh -'alayhi-s-salatu wa-s-salam -: "En la plegaria se encuentra el colirio de mis ojos". A la vista de todo esto resulta difícil comprender como la ablución puede llegar a ser, ni más ni menos que la mitad de la Fe.

Para comprender esto relatemos un hecho que ocurrió entre un maestro del Tasawwuf (sufismo) y su discípulo: Se acercó este último al maestro y éste, viendo con su basira que su discípulo no se encontraba en estado de purificación, le dijo:
"Ve a hacer la ablución"


El discípulo obedeció y regresó con la ablución cumplida. El maestro le preguntó que si la había hecho y él dijo que sí. Entonces el maestro replicó diciendo: "Va a hacer la ablución sobre la ablución que hiciste".


El significado de ésto que que la ablución no es solamente una purificación externa de cara a presentarse limpio en la oración, sino un acto por el cual purificamos nuestro interior; de ahí que se la conceda el valor de significar la mitad de la Fe.

En efecto, cuando lavamos nuestro cuerpo también purificamos nuestro ser interno, y ello en el mismo orden en el cual purificamos nuestros miembros, y asimismo los preparamos para cumplir la misión para lo cual Allâh los ha destinado, es decir, la adoración:
Purificamos nuestras palabras y todo aquello impuro lo cual salió por nuestra lengua y entró en nuestra boca y olfato, disponiéndonos a hablar el bien y a comer lo necesario y lícito. 

Purificamos nuestro rostro, lo que nuestros ojos vieron y no debieron, asimismo ayudamos a nuestra mirada a hacerse más penetrante y perspicaz.
Purificamos lo que nuestras manos y brazos hicieron y no debieron y los preparamos para obrar el bien.
Purificamos nuestros pensamientos y los cambiamos por otros mejores.
Nuestro oído para que no capte aquello que no deba y nos sirva para discernir las palabras buenas de las nocivas.
Nuestros pies por haber caminado hacia donde no debían, volviéndolos al camino de Allâh del cual no debimos ni debemos salir.


Es así que cuando hacemos la ablución deberemos tener en cuenta que hacemos dos actos en uno, a saber: purificamos nuestro exterior de una mancha, y a la vez lo hacemos con nuestro interior disponiendo éste a la adoración, lo cual es el motivo y el destino de haber sido creados.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdawus.

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