domingo, 12 de febrero de 2012

Islam, Iman e Ihsan - Las fronteras

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim 

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim.


Como lo he expresado en otras ocasiones, las cosas las cuales escribimos no proceden de nuestra imaginación o manera de ver las cosas. En absoluto. Todo lo escrito hasta ahora tiene como origen 33 años de estudio al lado de personas quienes conocen el fiqh y el Ihsan (sufismo). Hemos manifestado como no escribiríamos algo de lo cual no estuviéramos seguros. En nuestra andadura en el Islam hemos aprendido muchas cosas y muchas nos quedan aún por aprender pues la ciencia no tiene fin. Si podemos asegurar de la total consciencia en que todo aquello lo cual escribimos se corresponde con la verdad, ya que si algo no llegamos a saber, tenemos a nuestro lado a un waly a quien preguntar. Y verdaderamente os digo que no escribo todo cuanto sabemos, dejándonos en el tintero lo esencial y profundo, lo cual solamente puede ser comunicado en el transcurso de un vis a vis, persona a persona.


No vale pues con decir, que debemos asegurarnos de lo que decimos recurriendo a los sabios, pues no es a un sabio muerto a quien nos remitimos, sino a uno quien se encuentra en vida. Muchas gentes confían en los muertos y se olvidan de los vivos. Cuando Rasul dijo: 

Los sabios son los herederos de los profetas 

No solamente lo dijo por aquellos sabios quienes muertos nos dejaron un legado por escrito, sino sobre y ante todo por aquellos quienes están en vida en estos tiempos. Su sabiduría no ha disminuido con respecto a los precedentes y es más certera que la suya, puesto que es ella la cual debe ser aplicada en estos tiempos.  

Nuestro amado Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, preguntado por sayyidina Yibril – sobre él la paz -, dividió el Din del Islam en tres grandes niveles (Islam, Iman e Ihsan). 


Nuestras líneas de hoy están destinadas sobre todo a hablar de las fronteras existentes entre los tres niveles, y, cómo no, de sus parcelas comunes. 

Primeramente debemos señalar que la división entre estos tres términos es más concluyente cuando hablamos de sus características particulares, que cuando ellas coinciden en el ser humano de una manera armoniosa, sea cual fuere, la prioridad que cada uno de dichos elementos encuentre en la persona en la cual habitan. 

El Din es para la persona (yin o ins), y ésta es para Allah. Esta es una premisa muy importante. Puesto que Allah en Su libro nos dice que lo ha hecho descender para los hombres y los genios, debemos creer que sin ambos no habría Din. Los intentos por parte de los haramistas de querer endiosar el Din, pasan por la doctrina del terror, provocando que el hombre tenga más miedo del Haram que de Allah mismo, pues según dichos grupos el Haram y el Yahannam nos rodean por todas partes. La política del terror a fin de tener atenazados y siempre serviles a sus pobres víctimas, escogidas entre los jóvenes más vulnerables. 

Si decimos que el Islam es la Chari’a, el Iman la creencia y el bien obrar y el Ihsan la espiritualidad o sufismo, no estaremos lejos de la verdad. Y aún así, no habremos dicho toda la verdad, sino solamente una parte de ésta. 

Bien seguro que podemos asimilar el término Islam a la Shari’a; sin embargo, todos coincidiremos que para poder aplicar los mandatos de esta a nuestra vida necesitamos creer en lo que estamos haciendo, aunque no fuere esta creencia sino para preservarnos del fuego y ganar el paraíso. Es así que de esta manera tan simple, el Iman penetra en el Islam, aunque fuere para auxiliar al más descuidado de los musulmanes. 

Lo mismo ocurre con el Iman, pero a un nivel totalmente distinto. Si aseguramos que el Iman es únicamente creencia o fe no estaremos en lo cierto, pues el Iman comporta no solamente creer en todo aquello lo cual debe creer un musulmán, sino en embellecer nuestro carácter de la mejor de las formas, haciéndolo parecerse lo más posible al carácter del Enviado. Dice Rasulu-l-Lah: 

El Iman se compone de más de setenta ramas y el pudor es una de ellas. 

Es así pues que el pudor, el istigfar, el temor de Allah, el amor a la familia, a los musulmanes a los amigos, al país, la modestia, el ‘adab, la sinceridad y más cosas que no mencionamos aquí forman parte de Iman. Algunos de estos elementos se combinan asimismo con las prescripciones del Islam, volviéndose obligatorios, como es el caso de la sinceridad para rezar el salat, por ejemplo. 

Sin embargo, no se puede avanzar en el camino del Iman si antes no se es íntegro en el cumplimiento de las obligaciones de la Shari’a. 

Cuando un musulman ha avanzado hasta la cima des maqam del Iman le llamamos mu’min. Es en ese momento cuando los dos siguientes hadices le son de aplicación: 

Tened cuidado con la mirada del mu’min, pues éste mira con la luz de Allah



Ni los cielos ni la tierra son capaces de contenerMe, pero el corazón del mu’min sí es capaz de contenerme


Dos evidencias directas podemos obtener de estos dos hadices (qudsi el segundo):  

Primeramente que este estado del cual hablan los hadices no se da en todas las personas quienes practican la Shari’a con rectitud, sino solo y exclusivamente en aquel quien haya sido adornado con todas las virtudes contenidas en las más de setenta ramas del Iman. 

La segunda evidencia es el alto valor del Iman en el Din. Como la práctica de dicho Iman es capaz de transformar a la persona y hacerla suficientemente pura afín de que su corazón contenga a Allah. 

Pero el ser mu’min puede ir aún más allá en su desarrollo espiritual; puede llegar al Ihsan.

Cuando decimos que “el Ihsan es el adorar a Allah como si Le vieras, pues si tú no Le ves, El te vé”, no nos debemos referir que cuando adoramos a Allah tengamos una imagen mental de El enfrente de nosotros: no hermanos, no se trata de eso: considerad que estamos en un maqam superior al Iman.


Se trata pues de la Presencia divina instalada en el corazón, aunque la mente y el Ruh del ‘abd, como así lo es en algunos casos, no puedan llegar a concebir o ver a Allah.

Sin embargo, no es este el sólo caso, sino el de aquellos quienes ven a Allah con el Ruh. Decía el chayj Uddah Ibn Tunas (sucesor del Chayj al-Alawi): 

Si alguien no ha visto a Allah en este mundo no llegará a verle en el otro 

Sidi Uddah cuando habla de la visión de Allah en el otro mundo, se refiere al hecho de que los creyentes verán a Allah a través de velos los cuales serán levantados para los salihin. 

Esta visión de Allah, en ninguna manera se produce a través de los ojos del cuerpo, sino del Ruh, el cual se ha liberado de sus velos habiendo fallecido previamente la nafs. Esta visión se llama kashf y es el maqam más alto de todos.

¿Acaso no vio Rasul a Allah, estando a una distancia de tiro de arco? 

Continuaremos desarrollando este tema en el futuro. 

Valgan pues como presentación estas palabras. Esperamos haber alcanzado el objetivo de hacer llegar cuales son los niveles que verdaderamente les corresponden a las tres divisiones que nuestro Santo profeta – sobre él la plegaria y la paz – adjudicó a nuestro Din. 

Allah sabe más 

Salam


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