lunes, 20 de febrero de 2012

Confianza en Allah (Tawakkaltu 'ala-l-Lah)

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Hoy vamos a contar una historia sobre dos hombres quienes ponían su confianza en Allah (tawakkalt ‘ala-l-Lah).

Hace algunos siglos en el país del Sham (Siria) había un comerciante quien siempre ponía su confianza en Allah sobre cualquier otra cosa.

Dicho comerciante se encontraba cada dos meses con otro quien venía de Misr trayendo sus mercancías en barco. Normalmente lo que hacían era cambiarse unas mercancías por otras y ajustar la diferencia con la suma de dinero pertinente en cada caso.

Ocurrió una vez que nuestro comerciante intercambió sus mercancías con el misri, como era su costumbre. Pero esta vez el misri no tenía sino la mitad de la suma necesaria para pagarle.

Entonces el misri le dijo: “Si quieres vende a otro la mitad de tus mercancía o si no ponemos alguna cosa como garantía”.

Nuestro mercader dijo al misri: “¿Eres consciente de que Allah es testigo entre nosotros de que dentro de dos meses me devolverás mi suma?”. A esto el misri dijo: “Soy perfectamente consciente”. Entonces nuestro mercader dijo: “Entonces, pongo mi confianza en Allah. Va con la mercancía y dentro de dos meses me pagas la diferencia”.

Pasaron dos meses y unos días antes de la partida del barco del mercader de Misr, se levantó una tormenta que duró algunos días. Habían convenido encontrarse en un día determinado pues el comerciante del Sham debía asimismo hacer un largo viaje hasta llegar al lugar convenido.

El misri, preocupado por no poder ir a su acreedor a devolverle su dinero, no podía dormir hasta dar con la solución. Sabiendo que nuestro comerciante estaría el día convenido a la hora convenida y que había dado su palabra delante de Allah, no podía permanecer tranquilo.

Entonces se le ocurrió una cosa y se dijo para sí mismo: -“Mi amigo puso su confianza en Allah cuando me prestó su mercancía y ahora voy a ponerla yo”. Puso una carta y el resto del dinero en una botella, la selló y la echó a la mar, pidiendo a Allah que la hiciera llegar a su amigo.

En esto, nuestro comerciante de Sham, llegó al lugar de la cita y al no encontrar a su deudor se dijo: “He puesto mi confianza en Allah y El no me defraudará”. Esperó todo el día hasta al Asr, y después de rezar fue a dar un paseo por la playa. Paseando, en la orilla, encontró la botella de su deudor. La recogió, la abrió, leyó el contenido y recibió su deuda.

Podéis imaginaros amigos cuan estrecha se volvió desde entonces la relación entre ambos basada en la Confianza en Allah.

Salam

3 comentarios:

  1. As salamu aleykum

    La anécdota es alucinante, prácticamente inverosimil.
    Los comerciantes tenemos que poner una fe impropia que solo cabe entre verdaderos creyentes que dan su palabra ante Alah. Lamentablemente, cuando trabajamos con infieles la cosa se pone muy difícil, sin embargo la confianza (no ciega en este último caso)se pone en Allah, pues ¿De quien otro podemos confiar? Hasta los infieles llegan a percibir esta confianza que abre las puertas de los negocios.
    Allah Karim.

    Salam

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  2. La Paz de Allah con Uds.

    Hombre yo discrepo con tu comentario Sr. profesor Rahmanicus, porque no creo que los no creyentes (mejor esta palabra que infieles) no tengan palabra. Porque lo que más me preocupa son los creyentes que no tienen ninguna palabra en cualquier trato comercial. Y esto si es muy triste y por desgracia para lo musulmnaes muy habitual.

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  3. A-s-salamu 'alaykum:

    Este si que es un comentario para ponerle un marco y mirarlo todos los días.

    Tienes razón. Muchos, muchísimos musulmanes, hacen gala de falta de la palabra dada. Y ello por falta de temor de Allah. Algunos o algunas en cuanto las leyes kufar les favorecen se apegan a ellas para engañar a otros musulmanes.

    Que le vamos a hacer, la situación es así de lamentable en estos tiempos.

    Por supuesto que hay algunos kufar quienes mantienen la palabra, pero cada vez es más difícil encontrarlos.

    !Como está el mundo! Hecho trizas.

    Salam

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