lunes, 3 de diciembre de 2012

Sufismo e Islam I - Orígenes del sufismo

Bismi-l-Lâhi-r-Rahmani-r-Rahim


Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim.

¿Cuáles son los orígenes del sufismo? ¿Es el sufismo una de tantas “vías espirituales” representantes de un esoterismo existente desde el principio de la humanidad? Respondemos a esta pregunta expresando que, desde el punto de vista islámico, no existe constancia alguna de la existencia de un esoterismo organizado en toda la historia de la humanidad. Ni siquiera ello existía en el pueblo de Israel, al cual el Qur’an da la categoría de pueblo elegido de Allâh hasta le llegada de sayyidina Isa – sobre él la paz - . Tampoco en un cristianismo posterior, el cual se limita a ver los nombres de los Apóstoles referenciados en el Qur’an como depositarios de las palabras del Profeta Isa (Jesús)

Sí concedemos que la ciencia del Interior (Ilm Batin), la cual se ha impartido y se imparte en el sufismo, ha existido en la persona de los Profetas anteriores, sin que por ello, dicha ciencia se transmitiera de unos a otros en grupo organizado alguno.

No hablaremos aquí para rebatir las tesis perennialistas, remitiendo a la obra de Samir Hariche “El perennialismo a la luz del Islam”. Aunque sí diremos que desde el punto de vista islámico, la ciencia del Interior no ha existido ni en las doctrinas hinduistas, budistas o cualquiera otra religión en el universo. Tal y como demuestra este hadiz:

Allâh estaba Solo y nada con El. Tomó un puñado de luz de Si Mismo y haciéndolo salir de Su Mano dijo: “Se Muhammad”; y con ella creó los cielos y la tierra

Como lo hemos expresado en otras ocasiones, no solamente, los cielos y la tierra y los moradores de ambos, sino hasta el mismo Trono (Arsh) ha sido creado a través de esta Luz. Todos los profetas llevan el sello de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz - , tanto sobre sus personas como sobre sus misiones. Podemos decir que, en cierta manera, todos los profetas son Muhammad y todos los libros revelados son el Qur’an, pues ambos se encuentran englobados en el uno y en el otro.

¿Acaso sayyidina Yibril – sobre él la paz – no hubo de reconocer cuando Muhammad subió a los cielos que no podía seguir más allá, dejando solo a Muhammad acceder ante la presencia divina? ¿No queda demostrada la excelencia de Muhammad sobre el resto de los profetas cuando les dirigió en la plegaria en Jerusalem, inmediatamente antes de ascender por los siete cielos?

Sí podemos decir que un preludio de la existencia de la ciencia de los corazones viene expresado en el Qur’an cuando Allâh perdonando a sayyidina Adam – sobre él la paz – le dio unas palabras para retornar a El. Este retorno adámico a la fuente original no es otra cosa que la vuelta al estado en el cual se encontraba antes de su descenso a la tierra. En toda evidencia, dicho retorno no fue corporal sino de naturaleza espiritual o ruhani.

Y ahora vamos al verdadero comienzo del sufismo o espiritualidad islámica (Ihsan). No mencionamos enteramente, pues de sobra es conocido, el hadiz en el cual Muhammad expresa interrogado por Yibril que el Islam se divide en: Islam, Iman e Ihsan; siendo Ihsan el componente espiritual del islam y el Iman una preparación a éste.

Cuando Muhammad emigró a Madina hubo de alojarse en la casa de un medinense llamado “Arqam”. Arqam ofreció su vivienda al Profeta a fin de que dispusiera de ella hasta que fuera construida su casa, anexa a la mezquita, como es sabido.

La mezquita de Madina acogía los rezos de la comunidad, así como los sermones del Profeta enseñando al pueblo. Sin embargo, existían Compañeros, cuya excelencia es bien conocida, los cuales, debido a su nivel de comprensión, exigían del profeta una enseñanza más profunda. Las enseñanzas que Muhammad impartía a este grupo eran mucho más profundas que las cuales impartía al resto de los creyentes.

Fue pues iniciativa del profeta que se reunieran al efecto de nuevo en la casa de Arqam; de ahí el nombre conocido de “Dar al Arqam”, la casa donde el profeta tenía la costumbre de reunirse con sus compañeros.

No en vano Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – había dicho:

Hablad a los hombres según su capacidad de comprensión,

Siendo él el primero en cumplir con este ejemplo.

Quedó pues así establecido que las enseñanzas impartidas del profeta a los compañeros eran de un orden superior en altura y profundidad que las impartidas al pueblo. Como demuestran estos hadices:

“Cuenta Abu Hurayra: “He oído del profeta cosas tales que si las contara en público, separaríais esto de esto otro” (señalando su cabeza y sus hombros)”.

Parecidas palabras fueron pronunciadas por Ali Ibn Abu Talib, a quien además le fue dicho por parte del profeta:

Yo soy la ciudad del conocimiento y Ali es la puerta.

Nos dice a este efecto Salman al Farisi a quien Rasulu-l-Lâh nombró como perteneciendo a Ahlu-l-Bayt (la familia del profeta):

“He oído de Rasulu-l-Lâh cosas tales que si os las relatara vosotros diríais: “Que Allâh bendiga al asesino de Salmán””.

Estas significativas palabras avalan una enseñanza del profeta paralela y complementaria con aquella la cual impartía a todos los musulmanes.

Pero antes vayamos a un caso especial: el de Ays al Qarani. Largo es el hadiz que habla de su historia, por lo cual nos limitaremos a resumirlo con la finalidad de no distraer del tema principal.

Ays al Qarany era yemení; vivió en tiempos del profeta, pero nunca pudo ir a visitarle debido a que estaba obligado a cuidar de su madre a diario, sin que ella tuviera otro que él quien pudiera ocuparse de sus cuidados. Sin embargo, el Profeta hablo de él a los Compañeros significando que se encontraba en rango por encima de ellos. Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – dijo a sus compañeros: “Dentro de unos años le encontraréis en Makka, haciendo el Hiyy, cuando le veáis decidle que rece a Allâh por vosotros”. Además de esto les informó que Ays el Qarani era superior en rango a ellos puesto que sin conocerle, su espíritu se encontraba siempre presente junto al del Profeta.

Cuatro años después, habiendo fallecido el Profeta, Umar y Ali – que Allâh esté satisfecho de ambos – se encontraban en Makka asistiendo a los peregrinos. Vieron a Ays al Qarani, a quien reconocieron por la descripción que el profeta había dado de él. Le preguntaron sobre su vida, su conocimiento del profeta sin haberle visto y convinieron que se encontraban delante de alguien quien les superaba en rango. Le dijeron: “Ays, reza a Allâh por nosotros para que aclare nuestro entendimiento”. Ays respondió: “¿Cómo voy yo a pedir por personas como vosotros, que habéis estado con él y le habéis acompañado y asistido en su misión?” . Entonces ellos le comunicaron lo que Muhammad había dicho sobre él, y él conmovido dijo: “Oh Señor, aclara sus inteligencias (safa’)”.

De esta súplica de Ays al Qarani y de los hombres del banco “Ahlu-s-sufa”, entre quienes se encontraban Abu Hurayra e Ibn Mas’ud se extrajo el nombre de sufismo, el cual es sinónimo, tanto de pureza como de claridad.

La continuidad de la enseñanza impartida por el Profeta a sus compañeros, queda recogida y autentificada en el hadiz siguiente:

Mis Compañeros son como las estrellas en el firmamento; hacia cualquiera de ellos que os volváis, él os guiará.

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