viernes, 30 de noviembre de 2012

Sufismo e Islam - Introducción

Bismi-l-Lâhi-r-Rahmani-r-Rahim (En el Nombre de Allâh, el Todo-Misericordioso, el Muy-Misericordioso)


Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim taslima. (Oh Allâh, haz la plegaria sobre Muhammad, Tu siervo y Tu Enviado, el profeta iletrado, y sobre su familia y sus compañeros, así como la paz perfecta).

Hasta hace poco éramos reacios a entrar en esa red social llamada Facebook. Es cierto que poco nos importan las violaciones a la intimidad personal, cuyo peligro potencial es significado una y otra vez por unos y otros. Nuestra intimidad, en cuanto a vida en familia, forma de ser y pensamiento, no puede ser conocida sino en la medida en la cual hablemos de más donde no debemos. El hecho que nos coartaba de entrar en esa red, era el de la posible pérdida de tiempo asociada a un uso abusivo y desmedido. No obstante, la hemos utilizado con coherencia, y creo que extraído lo bueno y obviado lo negativo de cuanto anda por allí. Hemos estudiado los principios y canales de la propaganda salafista; hemos observado los postulados del seudosufismo. Conocemos los puntos débiles de la una y del otro y sabemos por lo tanto cual es la línea de flotación, poniendo la cual en nuestro punto de mira, podemos con la ayuda de Allâh, torpedear sus mentiras y así hundir sus falsas ideologías en el fondo de los mares de la ignorancia y del olvido.

Aunque pudiera parecerlo, esta pequeña introducción, no es el preludio de unas palabras destinadas a la crítica de unos y otros, sino que antes bien, constituyen la antesala de una nueva serie de entradas las cuales nos hemos propuesto escribir. Ellas estarán dedicadas a establecer los principios del sufismo y sus estrechas relaciones con la chari’a (Ley) islámica. La mejor crítica a la mentira es olvidar el error y edificar sobre la verdad. Pretendemos construir un edificio donde cualquiera pueda encontrar respuesta sobre las preguntas que se le planteen respecto a la doctrina del Tasawwuf, la cual procede, de maestro en maestro, de nuestro amado profeta Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -, y se encuentra anclada en lo más profundo del Libro de Allâh y de la Sunna de Su profeta, es decir, en lo más profundo del Islam.

Decir sufismo es decir Islam en su acepción más universal. Nada, ni en sus postulados ni en su práctica, se encuentra fuera de la tradición islámica. Antes bien, se trata del corazón el cual hace bombear el fluido del espíritu a través de las venas del Iman hasta el cuerpo de la Ley, la cual es la aplicación práctica de los principios espirituales de la doctrina islámica universal y global.

Justificaremos pues su autenticidad en cuanto a sus raíces islámicas, dejando en evidencia las erróneas tesis de wahabís, salafistas y coranistas. Así mismo, lo enraizaremos en el Qur’an y en la Sunna, para de esta manera contrarrestar los abusos de los representantes de falsas formas de practicar el sufismo, algunos de los cuales llegan a proponer un sufismo milagrero exento de chari’a. Trataremos así de devolverle el lugar el cual tomó en la Umma, desde el mismo Profeta, hasta la desaparición del califato turco, es decir, el corazón del Islam. La prueba de este lugar de privilegio nos la ofrece ese hadiz auténtico el cual asevera:

Mi Umma no puede ser unánime en el error

La obra “¿Qué es el sufismo”? escrita por Martin Lings, no se corresponde, ni tan siquiera de lejos, a su realidad esencial. Lings, sin tener vinculación alguna real con un verdadero maestro del Tasawwuf, trata de ubicar el sufismo en las falsedades de la doctrina “perennialista” sin atender a sus raíces islámicas profundas y ante todo a su carácter muhammadiano. Se trata de una visión masónica de la espiritualidad, donde el sufismo es analizado como una más de la pretendidas doctrinas, las cuales aparentan espiritualidad, sin dejar de ser únicamente un sucedáneo de esta. Con ello nos referimos a las doctrinas hindúes, las cuales justifican un sistema de castas inhumano, y cuyo shivaismo llega a intentar dar una justificación a los sacrificios humanos, tiñéndolos de una falsa simbología metafísica. ¿Cómo el sufismo, el lado más puro de un Islam, desvinculado de representaciones de dioses y diosas, iba a congeniar con una religión de adoradores de estatuas? ¿No argumentaba el Quraysh en su época lo mismo que dicen los hinduistas y budistas, a saber: que esas representaciones ayudaban a comunicarse con Allâh? ¿No redujo a cenizas el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – todas las estatuas que se encontraban en el recinto de la Ka’aba y prohibió a los musulmanes no utilizarlas jamás?

Nada tiene que ver el sufismo ni con Maister Eckart, ni Dante, ni la masonería operativa de la Edad Media, ni con el cristianismo en toda su extensión, pues nada tiene que ver una visión trinitaria de la divinidad, rea siempre de una visión paulina de las personas artificialmente divinizadas de Jesús y de María.

Mucho menos con el Buddismo, el cual prescinde de las reglas más elementales y convenientes de organización necesaria de la sociedad humana. Una “espiritualidad” destinada hoy en día a acaudalados sibaritas amigos de lo raro, la cual necesita de estatuas y representaciones de Budda para desarrollarse.

El sufismo es pues único en sus postulados e independiente de todo lo demás. Podemos decir que se trata de la expresión más elevada y profunda del ser humano, del fin más sublime y del cumplimiento íntegro y veraz de la palabra del Libro de Allâh:

No he creado a los genios ni a los hombres sino para que Me adoren

Tanto en lo que a su finalidad se refiere, como en su metodología, como en su discurso, encontramos en él un océano de sabiduría, cuyas perlas son solamente una mínima expresión de las realidades ocultas en sus profundidades.

El chayj al-Alawi decía describiéndolo

El sufismo es morir a uno mismo y vivir en Allâh

Es su fin el convertir al ser humano en ese grupo representado en la surat “al Waqui’a (El Acontecimiento), surat 56 del Qur’an:

Los aproximados

Es pues la doctrina que nos lleva desde el Camino Recto (sirat al mustaquim) a “El camino de aquellos a quienes has favorecido” (sirata-l-Ladina ‘an ‘anta ‘alayhim)

Es él quien eleva a la Presencia de Allâh, poniéndonos en contacto con Rasul, quien nos guiará hacia Su Faz Santísima.

Hablaremos pues de la persona del maestro, de la justificación legal del sufismo en el cuadro de la doctrina islámica, de la singularidad de su ciencia de la Unicidad, de su trascendencia de lo creado hacia el Creador, de sus ritos, sus estados. Trataremos de las falsedades urdidas por falsos maestros, explicando las cualidades que deben poseer los verdaderos y desenmascarando a los falsos; y, en fin, justificaremos su autenticidad cara a las calumnias de sus más encarnizados enemigos.

Todo ello con la ayuda de Allâh, El Inmenso, El Sabio, El Majestuoso, La Verdad.

Es nuestra pretensión el realizar una obra la cual de respuestas acordes a las personas de nuestro tiempo. Esperamos atenderlas todas con completa satisfacción.

Sirvan estas palabras pues como mínima introducción para todo aquello cuanto está por venir, lo cual espero sorprenda a los entendidos y complazca a los interesados.

3 comentarios:

  1. Salam!
    Yo he leído algo de Martin Lings sobre sufismo, y lo consideraba uno de los autores clave sobre el tema.
    No sé mucho sobre Tasawuf, pero me gustaría profundizar. He leído El tratado de la Unidad, pero no he entendido demasiado. Tengo algún libro de Dr. Javad Nurbakhsh (Mujeres sufíes) y de Al-Aflaki (Rumi, maestro de derviches). Me encantan los Cuentos de los derviches persas del poeta Sa'di.
    Me gustaría que me recomendara, si no le importa, autores, libros. Me interesa mucho también saber sobre el papel de la mujer en el sufismo.
    Muchas gracias,
    Nur

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  2. A-s-salamu 'alaykum:

    Martin Lings solamente tuvo un conocimiento superficial sobre el sufismo. Fue discípulo de Schwon quien se rebeló contra su chayj y se autoproclamó chayj él mismo. Se trata de gente con un gran ego pero con nulo conocimiento.

    En cuanto a los autores de referencia sobre el sufismo te puedo citar algunos:

    Abu Hamid al Gazali, el chayj Darqawi, Abdul Qader al Jilani, Ahmad Zarruq, Ahmad Ibn Ata'i-l-Lâh al Iskandari, el chayj al-Alawi. Sinceramente de los modernos es mejor no leer nada pues autores como Idriesh Sha por ejemplo son componentes de una secta satánica regida por la antigua familia real de Afganistán.

    En cuanto a Ibn Arabi, te recomiendo no leer, no porque Ibn Arabi no fuera un gran maestro, que lo era, sino porque se han escritos muchos libros falsos atribuidos a él.

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  3. Wa 'alaykum salam,
    muchas gracias por la información, la tendré en cuenta. De los autores citados sólo conozco a al-Gazali y al-Alawi. Espero poder encontrar libros en castellano.
    Algún libro de Ibn Arabi fiable y fácil? Para uno murciano que hay...
    Muchas gracias de nuevo y disculpe las molestias.
    Nur

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