sábado, 21 de enero de 2012

La Du'a, Mahabba, cerebro y corazón

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim taslima


Dijo Rasul – sobre él la plegaria y la paz - :

“La petición (du’a) es el cerebro de la adoración (‘ibada)”

Si algo caracteriza al cerebro es su capacidad para ordenar y analizar los asuntos. Su función en el Din consiste pues, en comprender de una forma ordenada, toda la información provista por el estudio del Qur’an y los hadices. Es el cerebro pues aquel por el cual se ha establecido la práctica de la Chari’a en cuatro madhabs. A través de él, se sabe distinguir entre lo permitido y lo prohibido. Gracias a él podremos trabajar, dirigir nuestros asuntos en la vida de la Dunya. En dos palabras: el cerebro nos ayuda a ordenar nuestra vida y nuestro Din, así como a comprender algunos aspectos, no todos, de éste.

Sin embargo, al igual que en el cuerpo humano ningún órgano podría funcionar sin el movimiento del corazón, en el Din, nada podría ser ordenado, comprendido o seguido, si el corazón no bombeara al cerebro las percepciones, sutilezas, sentimientos y convicciones que éste no podría experimentar por sí mismo. Las percepciones del corazón llegan al cerebro, aunque hay que decir que no todas. Aquellas las cuales  le son transmitidas, le llegan en forma de imágenes, conceptos o formas, pues su capacidad para comprender se encuentra limitada al mundo sensible, así como a algunos aspectos externos de los procesos psicológicos. Pero el cerebro no es capaz de amar, ello es terreno privado del corazón. Es por ello por lo cual podemos decir sin temor a equivocarnos que el siguiente hadiz se puede aplicar asimismo a la globalidad del Din:

Todas las cosas tienen un corazón, y el corazón del Qur’an es la surat Ya Sin. Aquel quien recite una sola vez la surat Ya Sin recibirá la misma recompensa que la que recibiría por leer 100 veces el Qur’an (Tirmidi).

Así pues, el corazón del Din es la Mahabba li-l-Lah. Es este amor el motor de la ‘ibada. Si no se hace ‘ibada por amor a Allah, esta nunca podrá llegar a ser sincera y por lo tanto completa. Esta Mahabba es el amor a Allah, pasa por el amor a Rasul –sobre él la plegaria y la paz - , y llega a toda la Umma.

Cuando dicho amor llega a la Umma y desciende al nivel de la Chari’a es entonces cuando el cerebro se entremezcla con él. Es por ello que una parte del amor de Allah pasa por detestar todo aquello que El nos ha prohibido, así como por detestar a quien El detesta. Pongamos un ejemplo de esto:

En una ocasión Allah habló a Musa – sobre él la paz - , diciéndole que estaba satisfecho de él salvo en que Musa nunca había detestado a nadie por Allah.

El Qur’an nos pone múltiples ejemplos y deja claro que no se debe amar a todo el mundo.

Allah no ama a los corruptores (5-66) Perdición para todo embustero y malvado (45-6) Allah no ama a los que se exceden (2-189) Ciertamente Allah no ama a los que reniegan  (3-32) Allah no ama a los injustos (3-56) Es cierto que Allah no ama a los engreídos y jactanciosos (4-36) Allah no ama a quien es traidor y malvado (4-106) Realmente El no ama a quien se llena de soberbia (16-22)

He aquí un número más que suficiente de ejemplos y pruebas de que el ala protectora del amor de Allah no se extiende a toda la humanidad.

Asi pues, puesto que Allah no ama a estos tipos de gentes, nosotros tampoco lo debemos hacer. El verdadero amor (Mahabba) procede de Allah, y con él amamos a Su manera, no a la nuestra. Amar a quien Allah no ama, no es amor, es pasión.

Dijo Rasul, que cada uno estará en la otra vida con aquel a quien ama. Por lo tanto, si amamos a los transgresores, a los mentirosos, a los corruptores y a todas aquellas personas a quienes Allah no ama, detesta o maldice, pudiera darse que en el ‘ajira estuviéramos con ellos compartiendo su misma suerte. Sin embargo, si amamos a Allah, a Rasul y a los salihin, aunque no formemos parte de ellos, estad bien seguro que les acompañaremos en la otra vida, así como lo hemos hecho en ésta.

Ahora bien, ¿qué es aquel impulso el cual en ciertas ocasiones nos hace pedir perdón para nuestros enemigos y pedir que Allah guíe un día a los enemigos del Islam?: es la Misericordia (Rahmah).

Muhammad, Nos no te hemos enviado sino como una Misericordia para los mundos.

Dicha Misericordia debemos administrarla siempre siguiendo el noble ejemplo de la corona de los enviados. Perdonaremos, soportaremos, olvidaremos afrentas, pediremos clemencia por nuestros enemigos; pero también destruiremos las mezquitas del mal, combatiremos para defendernos y protegeremos nuestras vidas, bienes, honor y religión, tal y como lo hizo nuestro santo profeta dándonos un ejemplo para todas las generaciones venidas y por venir.

En la siguiente entrada hablaremos de la Du’a: su importancia, así como las condiciones óptimas para que ella sea escuchada por Allah.

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