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jueves, 16 de febrero de 2012

El chayj "incauto"

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

En entradas anteriores hemos puesto en guardia contra los falsos guías (shuyuj) y los peligros que conlleva el hecho de haber escogido mal aquella persona de la cual debemos aprender, sea en el dominio del fiqh, sea en el dominio de la espiritualidad. Es cierto que en el estudio de cualquiera de las ramas existentes en el Din del Islam es necesaria la guía de una persona quien haya pasado precedentemente por todas las etapas las cuales nosotros estamos obligados a recorrer. Ahora bien, el Chaytan está apostado en el camino de Allah para robarnos, si le es posible, el derecho a avanzar en seguridad por dicha vía. Cual ladrón, asaltante de caminos, nos espera a que iniciemos nuestra andadura para desviarnos a través de sus métodos de convicción: la sugestión y el alago de nuestro ego.

¿Qué mayor astucia pues que vestirse como santo y esperar que uno a uno todos los caminantes vayan cayendo en su trampa? ¿Quién puede resistir a la tentación de un hombre cuidadosamente vestido (como un Profeta), gesto medido al milímetro y palabras falsas mezcladas con verdades, expresadas con una falsa dulzura y una sonrisa angelical? ¿Quién va a resistir a la propaganda vertida sobre alguien quien pretende ser el más grande sabio del tiempo? Curiosamente, no solamente uno ni dos dicen esto de sí mismos o lo dejan decir a sus discípulos. ¿Qué discípulo puede resistirse pues a la tentación de encontrarse en la élite de la élite y ser uno de los mejores seres del universo?

 He aquí la propaganda la cual circula siempre alrededor de los falsos chuyuj, quienes son ayudados sin reservas por los medios de distribución informativa, sus falsas poses y un apoyo sin límites por parte de los seguidores.

 Desdichadamente la figura del hombre con el maletín dada por los testigos de Jehová se ha extendido ahora al Islam hasta el punto de convertirse en una moda perniciosa.

Pocos van al centro del asunto con todas las consecuencias y auscultan a dichos chuyuj a fin de averiguar ante todo si son verdaderos o falsos. Y sin embargo, esto último es un derecho que tiene el aspirante, y sobre todo un deber, afin de saber cuál es la responsabilidad que está tomando, pues él es el único responsable de sus actos frente a Allah.

 Dijo Rasulu-l-Lah:

En los últimos tiempos habrá gentes cuyas palabras serán como las de los ángeles y sus corazones como el de los lobos

Estamos en estos tiempos. Debemos ser cautos con las bellas palabras y auscultar las obras de aquellos quienes las pronuncian; analizar si sus hechos se corresponden a sus palabras en toda situación.

Sin embargo, puede darse el hecho de que alguien con toda su sinceridad pudiera caer en las fauces de uno de estos lobos, y digo lobos porqué: ¿qué mayor pecado que mentir en el camino de Allah? ¿Qué podría pues pasar a dicho incauto quien a pesar de toda su sinceridad pudiera ser engañado? He aquí una historia el efecto de un hecho acontecido hace algunos siglos:

Un aspirante a la Vía espiritual oyó hablar de un chayj llamado Mansur. Dicho chayj tenía su zawiyya en lo alto de una montaña y allí moraba rodeado de discípulos.

Así pues, nuestro aspirante se dispuso a dejar su trabajo para ir a encontrar al chayj y practicar bajo su guía la invocación a Allah – subnanahu wa ta’ala -. Llegado a la comarca donde se encontraba la montaña en cuya cima moraba el chayj, preguntó a un transeúnte sobre la zawiya del chayj Mansur. Este hombre le engañó y lo que hizo fue darle la dirección de otro hombre llamado Mansur quien vivía a medio camino entre la llanura y la cima de la montaña. Dicho Mansur era un mal hombre y en cuanto el aspirante llegó a su casa ofreciéndose para ser guiado, se presentó a sí mismo como el propio chayj.

Se aprovechó de él haciéndole cargar con duros trabajos, únicamente para su beneficio personal. El discípulo confiado se decía para sí mismo: “si el chayj me hace pasar por esto es que mi nafs es dura y necesita de mucha disciplina para someterse a la Voluntad de Allah” – Pobre hombre: el falso chayj le hacía cargar con pesadas piedras, construir para él, cuidar de los animales y realizar los trabajos del campo. Y las cosas continuaron de esta guisa durante algunos años.

A todo esto, el verdadero chayj Mansur, seguía en su zawiyya sin que aparentemente le hubieran llegado noticias de estos hechos. El chayj Mansur enfermó de su última enfermedad. Estando en las puertas de la muerte sus discípulos se acercaron a él y le preguntaron quién le iba a suceder después de que él dejara este mundo. La respuesta del chayj Mansur sorprendió enormemente a todos sus discípulos. Dijo:

“He estado con vosotros varios años enseñándoos la tariqa, pero vosotros sois duros de corazón y poco habéis aprendido. Sin embargo, cerca de nosotros, en casa de Fulano se encuentra mi heredero. El se ha sometido a Allah con todo su corazón y Allah le ha gratificado con su conocimiento.”

Y diciendo esto les dio las señas del falso chayj, donde se encontraba ese hombre quien había realizado por Allah los más desagradables y duros trabajos que uno pudiera imaginar.

Una vez fallecido el chayj, los discípulos todos, a una fueron a buscar al nuevo chayj y le hicieron trasladarse a la zawiyya para ocupar el lugar dejado por su antiguo maestro.

Y he aquí  como el incauto llegó a ser un chayj.

Salam


martes, 14 de febrero de 2012

Wahabismo no es Islam

A-s-salamu 'alaykum:

De las pocas veces que pongo algo en este blog. Pero este artículo lo ha merecido con creces. No perdais detalle.

http://www.islam.cl/2012/01/wahabismo-no-es-islam.html

lunes, 13 de febrero de 2012

Bella historia de sayyidina Ibrahim contada por nuestros hermanos musulmanes de México

Algunas de las Gentes del Libro dicen que su nombre fue Ibrahim Ibn Tarikh, Ibn Nahur, Ibn Sarough, Ibn Raghu, Ibn Phaligh, Ibn 'Aher, Ibn Shalih, Ibn Arfghshand, Ibn Sam, Ibn Noah.
Dicen que cuando Tarikh tenía setenta y cinco años tuvo a Ibrahim, Nahor (Nohour) y Haran. Haran tuvo un hijo llamado Lot (Lut). Cuentan que Abraham era el segundo, y que Haran murió mientras aun vivía su padre, en la tierra donde nació, la tierra de los caldeos (Al-Kaldanieen), también conocida como Babilonia. En aquel tiempo mucha gente adoraba a ídolos de piedra y madera, otros adoraban a los planetas, las estrellas, el Sol y la Luna, y otros incluso adoraban a sus reyes y gobernantes.
Ibrahim nació en ese ambiente, en una típica familia de la antigüedad. Sin embargo, el jefe de la familia no era cualquier idólatra, sino que era alguien que rechazaba completamente a Allah y acostumbraba a hacer ídolos con sus propias manos. Algunas tradiciones dicen que el padre de Ibrahim murió antes de que él naciera y que fue criado por un tío al que Ibrahim llamaba padre. Otras tradiciones dicen que su padre estuvo con vida y se llamó Azer.
En esa familia nació Ibrahim, destinado a enfrentarse con su propia familia, y con todo el sistema que había en su comunidad. En definitiva, se enfrentó a toda clase de idolatría.
Estaba dotado de conocimiento espiritual desde temprana edad. Allah iluminó su corazón y su mente y le dio sabiduría desde su niñez. Allah, Todopoderoso, dice en el Coran:
"Y ciertamente dimos en la antigüedad a Ibrahim (parte de) la guía correcta, y estábamos bien informados de él (con respecto a su creencia en la unidad de Allah, etc.)" (1).
En su temprana infancia, Ibrahim se dio cuenta de que su padre hacía esculturas extrañas. Un día le preguntó acerca de qué era lo que había hecho. Su padre le respondió que hacía estatuas de dioses. Ibrahim quedó sorprendido y rechazó espontáneamente la idea. De niño jugaba con tales estatuas, sentándose en sus espaldas como la gente se sienta en las espaldas de los asnos y las mulas.
Un día, su padre le vio cabalgando la estatua de Mardukh y se puso furioso. Le ordenó a su hijo que no jugara más con él.
Ibrahim preguntó: "¿Padre, qué es esta estatua? Tiene orejas grandes, más grandes que las nuestras".
Su padre le dijo: "¡Es Mardukh, hijo, el dios de dioses! Ésas orejas grandes muestran su gran conocimiento".
Esto le hizo reír a Ibrahim. Tenía sólo siete años en ese entonces.
Pasaron los años e Ibrahim creció. Desde pequeño, su corazón estaba lleno de rechazo por estos ídolos. No podía comprender cómo una persona cuerda podía hacer una estatua y luego adorar lo que él mismo había hecho. Observó que estos ídolos no comían, no bebían ni hablaban, y que no podían levantarse si es que alguien les ponía hacia abajo. ¿Cómo era, entonces, que la gente podía creer que esas estatuas podían dañarlos o beneficiarlos?
El pueblo de Ibrahim tenía un gran templo lleno de ídolos, en cuyo centro había un nicho en el que se colocaban los dioses más importantes, de diferentes tipos, características y formas. Ibrahim, que solía ir al templo con su padre cuando era niño, despreciaba grandemente toda esa piedra y esa madera. Le sorprendía la manera en que su gente se comportaba cuando entraban al templo: se reclinaban y empezaban a llorar, suplicando e implorando ayuda a sus dioses, como si esos ídolos pudieran oír o entender sus súplicas.
Al principio, ese espectáculo le divertía, pero luego Ibrahim se enojaba por ello. ¿No era asombroso que toda esa gente pudiera ser engañada? A este problema, se añadía el hecho de que su padre quería que él fuera un sacerdote cuando creciera. Quería únicamente de su hijo que reverenciara esas estatuas, y sin embargo Ibrahim nunca cesó de sentir odio y desprecio por las mismas.
Una noche Ibrahim dejó su casa para ir a una montaña. Estuvo caminando solo en la oscuridad hasta que optó por ir a una cueva en la montaña, donde se sentó, apoyando su espalda contra la pared. Miró hacia el cielo. Apenas había comenzado a mirarlo cuando recordó que esos planetas y estrellas que miraba eran adorados por muchas gentes en la tierra. Su joven corazón sintió pánico. Entonces pensó en lo que está más allá de la luna, las estrellas y los planetas (es decir, Allah) y se asombró de que estos cuerpos celestes fueran adorados por los hombres, cuando los mismos habían sido creados para adorar y obedecer a su Creador, apareciendo y desapareciendo según su Mandato.
Entonces Ibrahim se dirigió hacia la gente que adoraba los cuerpos celestiales, como Allah, el Poderoso, ha revelado:
"Y así mostramos a Ibrahim el reino de los cielos y de la tierra, para que fuera de los convencidos. Cuando le cubrió la noche, vio una estrella y dijo: "Éste es mi Señor". Pero cuando desapareció, dijo: "No amo a lo que se desvanece". Cuando vio la luna que salía, dijo: "Éste es mi Señor". Pero al ver que desaparecía, dijo: "Si mi Señor no me guía, seré ciertamente de los extraviados". Cuando vio el sol que salía, dijo: "¡Éste es mi Señor! ¡Éste es mayor!". Pero cuando se ocultó dijo: "¡Gente mía, soy inocente de lo que asociáis a Allah!. En verdad, vuelvo mi rostro, como hanif (que adora sólo a Allah), hacia Quien ha creado los cielos y la tierra. Y no soy de los que asocian".
"Su pueblo disputó con él. Y él Dijo: "¿Me discutís sobre Allah cuando Él me ha guiado? No temo lo que Le asociáis. (Nada me pasará) a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor abarca con su conocimiento todas las cosas. ¿Es que no vais a recapacitar?".
"¿Y cómo habría de temer lo que Le habéis asociado si vosotros no teméis asociar con Allah aquello con lo que no ha descendido para vosotros ninguna evidencia? ¿Cuál de las dos partes tiene más motivos para estar a salvo, si sabéis ...?".
"Aquellos que creen y no empañan su creencia con ninguna injusticia, ésos son los que tienen seguridad, los que están guiados. Ésta es Nuestra Prueba, que dimos a Ibrahim sobre su gente. A quien queremos, lo elevamos en grados. Es cierto que tu Señor es Sabio y Conocedor". (2)
En dicho debate, Ibrahim dejó en claro a su gente que los cuerpos celestes no son deidades y no pueden ser adorados como si fueran asociados de Allah, el Poderoso. Ciertamente, tales objetos son cosas creadas, ideadas, controladas, manejadas y puestas al servicio. Aparecen y desaparecen en ciertos momentos, perdiéndose de vista de nuestro mundo. Sin embargo, Allah, el Poderoso, nada pierde de vista y nada puede ocultársele. Él no tiene fin, y no desaparece. No hay más deidad que Allah.
Ibrahim les dejó en claro, en primer lugar, que los cuerpos celestes no son objetos para ser adorados y, en segundo lugar, que ellos están entre los signos de Allah. Allah, el Poderoso, ordenó:
"Entre Sus signos están la noche y el día, el sol y la luna. No os postréis ni ante el sol ni ante la luna sino postraos ante Allah que es Quien los ha creado, si sólo a Él lo adoráis". (3)
El razonamiento de Ibrahim ayudó a revelar la verdad, y así empezó el conflicto entre él y su gente, pues los adoradores de las estrellas y los planetas no permanecieron callados. Empezaron a argumentar contra Ibrahim y a amenazarlo.
Ibrahim replicó:
"¿Me discutís sobre Allah cuando Él me ha guiado? No temo lo que Le asociáis. (Nada me pasará) a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor abarca con su conocimiento todas las cosas. ¿Es que no vais a recapacitar?".
"¿Y cómo habría de temer lo que Le habéis asociado si vosotros no teméis asociar con Allah aquello con lo que no ha descendido para vosotros ninguna evidencia? ¿Cuál de las dos partes tiene más motivos para estar a salvo, si sabéis ...?".
"Aquellos que creen y no empañan su creencia con ninguna injusticia, ésos son los que tienen seguridad, los que están guiados." (4)
En el primer grupo están representados los encubridores, aquellos que adoraban los cuerpos celestes. La situación siguiente muestra al segundo grupo, aquellos que practicaban la idolatría.
Allah dio a Ibrahim el razonamiento necesario la primera vez así como cada vez que él argumentaba con su gente. Allah, el Poderoso, dijo:
"Ésta es Nuestra Prueba, que dimos a Ibrahim sobre su gente. A quien queremos, lo elevamos en grados. Es cierto que tu Señor es Sabio y Conocedor". (5)
Ibrahim hizo lo que pudo para que su gente atendiera a la creencia en la unidad de Allah, el Poderoso, y a adorarle sólo a Él. Les pidió firmemente que renunciaran a la adoración a los ídolos. Le dijo a su padre y a su gente:
"¿Qué son estas estatuas a las que dedicáis vuestra adoración? Le dijeron: Encontramos a nuestros padres adorándolas. Él dijo: Realmente vosotros y vuestros padres estáis en un evidente extravío. Le dijeron: ¿Nos traes la verdad o eres de los que juegan? Él dijo: Muy al contrario. Vuestro Señor es el Señor de los Cielos y de la Tierra, el que los creó. Y yo soy uno de los que dan testimonio de ello". (6)
Entonces todo se rompió entre Ibrahim y su gente, y empezó una pugna. El más asombrado y furioso era su padre (o su tío que lo había criado), pues, como se sabe, no sólo adoraba ídolos sino que los esculpía y los vendía. Ibrahim sintió que era su deber, como hijo, advertir a su padre respecto a ese proceder de manera que pudiera librarse del castigo de Allah.
Como hijo sabio, ni ridiculizó a su padre ni se burló de su conducta. Declaró amarlo, esperando el amor paternal. Entonces le preguntó en buenas maneras porqué adoraba ídolos sin vida que no podían escucharle, verle o protegerle. Y antes de que su padre se enfureciera, se apresuró en añadir:
"¡Padre! Me ha llegado un conocimiento que no te ha llegado a ti, sígueme y te guiaré por un camino llano. ¡Padre! No adores al Shaytán . Shaytán ha sido rebelde con el Misericordioso. ¡Padre! Temo de verdad que te llegue un castigo del Misericordioso y seas de los que acompañen al Shaytán. (Su padre) Le dijo: ¿Acaso desprecias a mis dioses, Ibrahim? Si no dejas de hacerlo, te lapidaré. Aléjate de mi durante mucho tiempo. Ibrahim dijo: La paz sea contigo. Pediré perdón por ti a mi Señor. Es cierto que Él es complaciente conmigo. Me alejaré de vosotros y de lo que adoráis fuera de Allah". (7)
El fuerte trato de su padre no impidió que Ibrahim comunicara el mensaje de la verdad. Enojado y triste de ver a la gente postrarse ante ídolos, tomó la determinación de erradicar estas prácticas y fue a la ciudad a enseñar a la gente, sabiendo muy bien que podría sufrir daños.
Cual doctor experto que busca la causa de la enfermedad a fin de prescribir la cura adecuada, o como un juez que interroga agudamente al acusado a fin de averiguar la verdad, Ibrahim les preguntó: "¿Los ídolos les ven cuando se postran ante ellos? ¿Les proporcionan beneficios de alguna manera?" Ellos rápidamente trataron de defender sus creencias. Alegaron que sabían que sus ídolos no tenían vida, pero que vieron a sus antepasados adorándoles; esto era, para ellos, una razón suficiente para mantener su actitud idólatra.
Ibrahim les explicó que sus antepasados estaban equivocados. Esto les enfureció y replicaron: "¿Estás condenando a nuestros dioses y a nuestros antepasados? ¿O sólo estás bromeando?"
Ibrahim no se atemorizó, sino que respondió: "Lo digo en serio. Vengo a ustedes con un conocimiento verdadero. He sido enviado con la guía de nuestro Señor, El Único digno de adoración, el Creador de los Cielos y la Tierra, el que gobierna todos los aspectos de la vida, muy distinto en esto a los ídolos mudos, que son sólo de piedra y madera".
Para convencerlos de que los ídolos no podían dañarle, les desafió: "Les he condenado; ¡si tuvieran algún poder ya deberían haberme dañado!".
Allah, el Poderoso, dice:
"Recítales la historia de Ibrahim. Cuando le dijo a su padre y a su gente: ¿Qué es lo que adoráis? Le dijeron: Adoramos ídolos a quienes continuaremos aferrados. Él dijo: ¿Acaso os escuchan cuando los invocáis? ¿U os auxilian u os perjudican? Dijeron: No, pero encontramos a nuestros padres que así hacían."
"Él dijo: ¿Habéis visto lo que adoráis vosotros y vuestros padres antiguos? Ellos son mis enemigos, al contrario del Señor de los Mundos. Que me creó y me guía. Que me alimenta y me da de beber y que, cuando estoy enfermo, me cura. Y el que me hará morir y luego me devolverá a la vida. Y de Quien espero con anhelo que me perdone las faltas el Día de la Rendición de Cuentas". (8)
En otra sura Allah reveló:
"Y (recuerda a) a Ibrahim, cuando le dijo a su gente: "Adorad a Allah y temedle, ello es mejor para vosotros si sabéis. En lugar de Allah vosotros adoráis sólo ídolos. Estáis creando una mentira. Ésos que adoráis fuera de Allah no tienen poder para daros sustento. Así pues, buscad la provisión junto a Allah y adoradlo y agradecedle. A él habréis de volver. Pero si negáis la verdad ... Ya lo hicieron naciones anteriores a vosotros. Al Mensajero sólo le incumbe transmitir con claridad".
¿Es que no ven cómo Allah crea una vez de la nada y luego lo hace de nuevo? Eso es simple para Allah.
Di: "Id por la tierra y mirad cómo empezó la creación. Luego Allah hará surgir la última creación. Allah tiene poder sobre todas las cosas".
Castiga a quien quiere y se apiada de quien quiere. A él habréis de retornar. No tenéis escape alguno ni en la tierra ni en el cielo. Ni tenéis protector o defensor fuera de Allah. Y los que se niegan a creer en los signos de Allah y en el encuentro con Él, ésos desesperan de Mi misericordia y tendrán un doloroso castigo". (9)
Ibrahim les explicó la belleza de la creación de Allah, su Poder y Sabiduría. La adoración de ídolos es detestable para Allah, pues Allah es el Señor del Universo, El Creador de la humanidad, Quien guió a Ibrahim, le dio alimento y bebida, y le curó cuando estaba enfermo, Quien le hará morir y le dará vida nuevamente. Es Él a Quien Ibrahim adoraba y Quien le perdonaría sus errores el Día del Juicio. De todos modos, ellos no hicieron más que aferrarse firmemente a la idolatría.
Ibrahim abandonó la casa de su padre y abandonó a su gente y a lo que adoraban. Decidió hacer algo respecto a la incredulidad de ellos, pero lo mantuvo oculto. Sabía que iba a haber una gran celebración en la otra orilla del río a la que concurriría mucha gente. Ibrahim esperó hasta que la ciudad estuvo vacía, y entonces salió sigilosamente, dirigiéndose hacia el templo. Las calles conducentes allí estaban vacías y el templo mismo se encontraba desierto, ya que los sacerdotes también se habían ido al festival en las afueras de la ciudad.
Ibrahim llegó allí portando un bien afilada. Miró a las estatuas de los dioses de piedra y madera y a la comida que se ponía frente a ellos como ofrendas. Se acercó a una de las estatuas y preguntó: "La comida que te han puesto se está enfriando. ¿Porqué no la comes?". La estatua se mantuvo en silencio y rígida. Ibrahim preguntó a las otras estatuas a su alrededor:
"¿es que no vais a comer (las ofrendas)". (10)
Las estaba ridiculizando pues sabía que no comerían. Nuevamente les preguntó:
"¿Qué ocurre que no hablan?". (11)
Levantó su hacha y empezó a destrozar a esos falsos ídolos que adoraba la gente. Los destruyó a todos excepto a uno, en cuyo cuello colgó el hacha. Heco esto, su ira se calmó y quedó en paz. Entonces salió del templo. Había cumplido con su deseo de mostrar a su gente el absurdo de adorar otra cosa que Allah.
Cuando la gente regresó, se quedaron sumamente impresionados al ver a sus ídolos destrozados en pedazos, dispersos por todo el templo. Empezaron a adivinar quién habría hecho esto a los ídolos y el nombre de Ibrahim les vino a la mente.
Allah, el Poderoso, dice:
"Dijeron: ¿Quién ha hecho esto con nuestros dioses? Ciertamente es un injusto. Dijeron: Hemos oído a un joven referirse a ellos, le llaman Ibrahim. Dijeron: Traedlo a la vista de todos. Quizá pueda atestiguar. Dijeron: ¿Eres tú el que ha hecho esto con nuestros dioses, Ibrahim? Dijo: No; ha sido éste, el mayor de ellos. Preguntadles, si es que pueden hablar."
"Volvieron sobre sí mismos y se dijeron entre sí: En verdad sois injustos. Luego, recayendo en su estado anterior de kufr, dijeron: Sabes perfectamente que éstos no hablan. Dijo: ¿Entonces adoráis fuera de Allah lo que ni os beneficia ni os perjudica en nada? ¡Lejos de mi vosotros y lo que adoráis fuera de Allah! ¿Es que no podéis razonar?". (12)
Furiosos, reclamaron que se arrestara y enjuiciara a Ibrahim. Éste no opuso resistencia. Era precisamente lo que quería, a fin de poder mostrar en público lo absurdo de sus creencias.
Le preguntaron, en el juicio, si él era responsable del destrozo de los ídolos. Sonriendo, les respondió que le preguntaran al ídolo más grande, que aún estaba entero. Les dijo que él debía ser el culpable. Le respondieron que sabían bien que el ídolo no podía hablar ni moverse, lo que le dio a Ibrahim la oportunidad de probar la ridiculez de adorar a esos objetos sin vida.
Entonces, ellos se dieron cuenta del sinsentido de sus creencias; sin embargo, la arrogancia no les permitía admitir su error. Lo único que pudieron hacer fue usar su poder de autoridad -como hacen usualmente los tiranos- para castigar a Ibrahim. Lo encadenaron y planearon su venganza.
El odio quemaba sus corazones. Decidieron lanzar a Ibrahim al fuego más grande que pudieran construir. Se ordenó a todos los ciudadanos que juntaran madera como servicio a sus dioses. En su ignorancia, las mujeres enfermas hicieron la promesa de que si se curaban darían mucha madera para quemar a Ibrahim. Durante muchos días se estuvo juntando el combustible.
Cavaron un hoyo profundo, que se llenó con madera de quemar que prendieron. Trajeron una catapulta con la que lanzar a Ibrahim al fuego. Metieron a Ibrahim en la catapulta, con las manos y los pies atados. El fuego ya estaba listo, con sus llamas llegando al cielo. La gente se quedó lejos del hoyo debido al gran calor que hacía. Entonces, el sacerdote principal dio la orden de lanzar a Ibrahim al fuego.
El ángel Gabriel se puso cerca de la cabeza de Ibrahim y le preguntó: "Oh Ibrahim, ¿deseas algo?". Ibrahim le respondió: "De ti, nada".
Se lanzó la catapulta, y se envió a Ibrahim al fuego, pero su descenso a las llamas fue un descenso gradual a un jardín fresco. Las llamas aún estaban allí, pero no quemaban, porque Allah, el Poderoso, había dado esta orden:
"¡Fuego! Sé frescura y seguridad para Ibrahim". (13)
El fuego se sometió a la voluntad de Allah, volviéndose frescor y seguridad para Ibrahim. Sólo quemó sus ataduras. Y se sentó en medio del fuego como si se estuviera sentando en un jardín. Se puso a glorificar y a alabar a Allah, el Poderoso, con su corazón lleno únicamente de amor por Allah. No había allí lugar alguno para el temor, el pavor o la pena. Estaba lleno únicamente de amor.
El temor y el espanto se habían muerto, y el fuego se había vuelto frescura, haciendo agradable el aire. Aquellos que aman a Allah como Ibrahim, no temen.
Allah, el Poderoso, declaró:
"Aquellos (creyentes) a los que dijo la gente: Los hombres se han reunido contra vosotros; tenedles miedo. Pero esto no hizo sino incrementar su confianza y dijeron: ¡Allah es Suficiente para nosotros! ¡Y qué excelente Guardián! Y regresaron con una gracia y favor de Allah; ningún mal les había tocado. Siguieron lo que complace a Allah, y Allah es Dueño de un favor inmenso. Así es con vosotros el Shaytán, es atemoriza con sus amigos. Pero, si sois creyentes, no les temáis a ellos, temedme a Mí". (14)
La multitud, los hombres de importancia y los sacerdotes se sentaron a observar el fuego a distancia. Éste les quemaba las caras y prácticamente les estaba asfixiando. Se mantuvo ardiendo por tal tiempo que los incrédulos pensaron que nunca se extinguiría.
Cuando terminó de arder, se quedaron enormemente sorprendidos de ver a Ibrahim venir del hoyo sin haber sido tocado por el fuego. Sus caras estaban negras por el humo, pero la de él estaba luminosa con la luz y la gracia de Allah. El fuego furioso se había vuelto frescura para Ibrahim y sólo había carbonizado las cuerdas que le ataban. Salió del fuego como si estuviera saliendo de un jardín. Los idólatras gritaron de asombro. "Quisieron dañarle, pero Nosotros les hicimos los perdedores". (15)
El milagro asombró a los tiranos, pero la llama de odio de sus corazones no se enfrió. De todos modos, después de este suceso, varias personas siguieron a Ibrahim, aunque algunos mantuvieron en secreto su creencia por temor a sufrir daños o a ser muertos en manos de los gobernantes.
Cuando el rey Namrud escuchó cómo Ibrahim había escapado exitosamente al fuego montó en cólera. Temió que el estatus de divinidad que proclamaba para sí mismo se cambiara ahora por el de un ser humano corriente. Convocó a Ibrahim a palacio y mantuvo un diálogo con él que Allah, el Poderoso, nos relata:
"¿No has visto a aquel que, porque Allah le había dado soberanía, desafió a Ibrahim discutiéndole a su Señor? Dijo Ibrahim: Mi Señor da la vida y da la muerte. Dijo él: Yo doy la vida y doy la muerte. Dijo Ibrahim: Allah trae el sol desde el oriente, tráelo tú desde occidente. Y el kafir que se negaba a creer se quedó sin habla. Allah no guía a los que son injustos". (16)
La fama de Ibrahim se extendió por todo el Imperio. La gente hablaba de cómo se había salvado del fuego y de cómo había hablado con el rey y le había dejado sin argumentos. Mientras tanto, Ibrahim seguía llamando a la gente a Allah, haciendo un gran esfuerzo para guiar a su gente por el camino recto.
Trató por todos los medios de convencerlos. Sin embargo, a pesar de su amor y el cuidado que tenía por su gente, éstos se enfadaron y le dejaron. Sólo un hombre y una mujer de su gente compartían su creencia en Allah. El nombre de la mujer era Sarah, y se hizo su esposa. El nombre del hombre era Lut (Lot), y era un profeta.
Cuando Ibrahim comprendió que nadie más seguiría su llamada, decidió emigrar. Dejó su pueblo y viajó con su esposa y con Lut a una ciudad llamada Ur, de ahí a otra llamada Haran, y de ahí a Palestina.
Allah, el Poderoso, dijo:
"Y Lut Creyó en él (en Ibrahim). Él (Ibrahim) dijo: He de emigrar por mi Señor, es cierto que Él es el Inigualable, el Sabio". (17)
Luego de estar en Palestina, Ibrahim viajó a Egipto, llamando a la gente a creer en Allah por dondequiera que iba, juzgando rectamente entre la gente y guiándoles a la verdad y la justicia.
Abu Hurairah relata que Ibrahim no mintió sino solamente en tres ocasiones, dos de ellas por causa de Allah, cuando dijo: "Estoy enfermo", (18) y cuando dijo: "(No lo he hecho sino que) este ídolo grande lo hizo". La tercera fue cuando Ibrahim y Sarah (su esposa), en un viaje, pasaron por el territorio de un tirano. Alguien le dijo al tirano: "Este hombre (es decir, Ibrahim) está acompañado de una mujer fascinante". Entonces, envió por Ibrahim y le preguntó acerca de Sarah diciendo: "¿Quién es esta dama?". Ibrahim dijo: "Es mi hermana". Ibrahim fue donde Sarah y le dijo: "¡Oh Sarah! No hay más creyentes sobre la faz de la tierra que tú y yo. Este hombre me preguntó acerca de ti y le he dicho que eres mi hermana; no contradigas lo que le dije". El tirano entonces llamó a Sarah, y cuando ella fue donde él, trató de retenerla con su mano, pero (su mano se puso rígida y) quedó confundido. Le pidió a Sarah: "Ruega a Allah por mi y no te haré daño". Entonces Sarah pidió a Allah que se curara y quedó curado. Trató de tomarla por segunda vez pero (su mano se puso tan o más rígida que la vez anterior y) quedó más confundido. Le pidió nuevamente a Sarah: "Ruega a Allah por mi y no te haré daño". Sarah pidió a Allah nuevamente por él y el hombre quedó bien. Entonces él llamó a uno de sus guardias, (el que la había traído) y le dijo: "No me has traído a un ser humano, sino que me has traído a un demonio". El tirano le regaló a Sarah, como doncella sirviente, a Hajar. Sarah regresó (donde Ibrahim) mientras él estaba rezando. Ibrahim, haciendo un gesto con su mano, le dijo: "¿Qué ha pasado?". Ella respondió: "Allah estropeó el turbio plan del kafir y me dio a Hajar en servidumbre". Abu Hurairah se dirigió entonces a los que le escuchaban diciendo: "Ésa (Hajar) es vuestra madre, Oh Bani Ma-is-Sama (es decir, los árabes, descendientes de Ismail, hijo de Hajar)".
Sarah, la esposa de Ibrahim, era estéril. Había recibido a Hajar, que era egipcia, como su sirviente. Ibrahim había envejecido, y su cabello ya estaba gris después de muchos años dedicados a llamar a la gente a Allah. Sarah pensó que ella e Ibrahim se encontraban solos porque ella no podía concebir un hijo. Por tanto, ofreció a su esposo a su sirviente, Hajar, en matrimonio. Hajar dio a luz a su primer hijo, Isma'il (Ismael), cuando Ibrahim era ya un hombre de avanzada edad.
Ibrahim vivió en la tierra adorando a Allah y llamando a la gente al tawhid, pero ya estaba viajando hacia Allah, conocedor de que sus días en la tierra eran limitados y que serían seguidos por la muerte y, finalmente, la resurrección. El conocimiento de la vida después de la muerte llenaba a Ibrahim de paz, amor y certeza.
Un día, él imploró a Allah que le mostrara cómo haría para resucitar a los muertos. Allah le ordenó a Ibrahim que tomara cuatro aves, las cortara en pedazos, mezclara las partes de sus cuerpos, las dividiera en cuatro grupos, y los colocara a cada uno en la cima de cuatro montes diferentes, y que entonces llamara a las aves en el nombre de Allah. Ibrahim hizo como se le dijo. De inmediato, las partes mezcladas de las aves se separaron para unirse a sus cuerpos originales en diferentes lugares, y las aves volaron hasta donde estaba Ibrahim.
Allah, el Poderoso, reveló:
"Y (recuerda) cuando Ibrahim dijo: ¡Señor mío! Déjame ver cómo resucitas lo que está muerto. Dijo: ¿Acaso no crees? Dijo: Por supuesto que sí, pero es para que mi corazón se tranquilice. Dijo: Toma, entonces, cuatro pájaros distintos, córtalos en pedazos y, a continuación, pon un pedazo en cada monte y luego llámalos. Vendrán a ti en el acto. Y sabe que Allah es Poderoso, Sabio". (19)
(1). Sura 21: 51. (2). Sura 6: 75-83. (3). Sura 41: 37. (4). Sura 6: 80-82. (5). Sura 6: 83. (6). Sura 21: 52-56. (7). Sura 19: 43-48. (8). Sura 26: 69-82. (9). Sura 29: 16-23. (10). Sura 37: 91. (11). Sura 37: 92. (12). Sura 21: 59-67. (13). Sura 21: 69. (14). Sura 3: 173-175. (15). Sura 21: 70. (16). Sura 2: 258. (17). Sura 29: 26. (18). Cuando su gente celebraba un festival en honor de sus dioses, Ibrahim se excusó (de no poder ir) diciendo que estaba enfermo. (Ver Sura 37: 89). (19). Sura 2: 260.

domingo, 12 de febrero de 2012

Islam, Iman e Ihsan - Las fronteras

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim 

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim.


Como lo he expresado en otras ocasiones, las cosas las cuales escribimos no proceden de nuestra imaginación o manera de ver las cosas. En absoluto. Todo lo escrito hasta ahora tiene como origen 33 años de estudio al lado de personas quienes conocen el fiqh y el Ihsan (sufismo). Hemos manifestado como no escribiríamos algo de lo cual no estuviéramos seguros. En nuestra andadura en el Islam hemos aprendido muchas cosas y muchas nos quedan aún por aprender pues la ciencia no tiene fin. Si podemos asegurar de la total consciencia en que todo aquello lo cual escribimos se corresponde con la verdad, ya que si algo no llegamos a saber, tenemos a nuestro lado a un waly a quien preguntar. Y verdaderamente os digo que no escribo todo cuanto sabemos, dejándonos en el tintero lo esencial y profundo, lo cual solamente puede ser comunicado en el transcurso de un vis a vis, persona a persona.


No vale pues con decir, que debemos asegurarnos de lo que decimos recurriendo a los sabios, pues no es a un sabio muerto a quien nos remitimos, sino a uno quien se encuentra en vida. Muchas gentes confían en los muertos y se olvidan de los vivos. Cuando Rasul dijo: 

Los sabios son los herederos de los profetas 

No solamente lo dijo por aquellos sabios quienes muertos nos dejaron un legado por escrito, sino sobre y ante todo por aquellos quienes están en vida en estos tiempos. Su sabiduría no ha disminuido con respecto a los precedentes y es más certera que la suya, puesto que es ella la cual debe ser aplicada en estos tiempos.  

Nuestro amado Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, preguntado por sayyidina Yibril – sobre él la paz -, dividió el Din del Islam en tres grandes niveles (Islam, Iman e Ihsan). 


Nuestras líneas de hoy están destinadas sobre todo a hablar de las fronteras existentes entre los tres niveles, y, cómo no, de sus parcelas comunes. 

Primeramente debemos señalar que la división entre estos tres términos es más concluyente cuando hablamos de sus características particulares, que cuando ellas coinciden en el ser humano de una manera armoniosa, sea cual fuere, la prioridad que cada uno de dichos elementos encuentre en la persona en la cual habitan. 

El Din es para la persona (yin o ins), y ésta es para Allah. Esta es una premisa muy importante. Puesto que Allah en Su libro nos dice que lo ha hecho descender para los hombres y los genios, debemos creer que sin ambos no habría Din. Los intentos por parte de los haramistas de querer endiosar el Din, pasan por la doctrina del terror, provocando que el hombre tenga más miedo del Haram que de Allah mismo, pues según dichos grupos el Haram y el Yahannam nos rodean por todas partes. La política del terror a fin de tener atenazados y siempre serviles a sus pobres víctimas, escogidas entre los jóvenes más vulnerables. 

Si decimos que el Islam es la Chari’a, el Iman la creencia y el bien obrar y el Ihsan la espiritualidad o sufismo, no estaremos lejos de la verdad. Y aún así, no habremos dicho toda la verdad, sino solamente una parte de ésta. 

Bien seguro que podemos asimilar el término Islam a la Shari’a; sin embargo, todos coincidiremos que para poder aplicar los mandatos de esta a nuestra vida necesitamos creer en lo que estamos haciendo, aunque no fuere esta creencia sino para preservarnos del fuego y ganar el paraíso. Es así que de esta manera tan simple, el Iman penetra en el Islam, aunque fuere para auxiliar al más descuidado de los musulmanes. 

Lo mismo ocurre con el Iman, pero a un nivel totalmente distinto. Si aseguramos que el Iman es únicamente creencia o fe no estaremos en lo cierto, pues el Iman comporta no solamente creer en todo aquello lo cual debe creer un musulmán, sino en embellecer nuestro carácter de la mejor de las formas, haciéndolo parecerse lo más posible al carácter del Enviado. Dice Rasulu-l-Lah: 

El Iman se compone de más de setenta ramas y el pudor es una de ellas. 

Es así pues que el pudor, el istigfar, el temor de Allah, el amor a la familia, a los musulmanes a los amigos, al país, la modestia, el ‘adab, la sinceridad y más cosas que no mencionamos aquí forman parte de Iman. Algunos de estos elementos se combinan asimismo con las prescripciones del Islam, volviéndose obligatorios, como es el caso de la sinceridad para rezar el salat, por ejemplo. 

Sin embargo, no se puede avanzar en el camino del Iman si antes no se es íntegro en el cumplimiento de las obligaciones de la Shari’a. 

Cuando un musulman ha avanzado hasta la cima des maqam del Iman le llamamos mu’min. Es en ese momento cuando los dos siguientes hadices le son de aplicación: 

Tened cuidado con la mirada del mu’min, pues éste mira con la luz de Allah



Ni los cielos ni la tierra son capaces de contenerMe, pero el corazón del mu’min sí es capaz de contenerme


Dos evidencias directas podemos obtener de estos dos hadices (qudsi el segundo):  

Primeramente que este estado del cual hablan los hadices no se da en todas las personas quienes practican la Shari’a con rectitud, sino solo y exclusivamente en aquel quien haya sido adornado con todas las virtudes contenidas en las más de setenta ramas del Iman. 

La segunda evidencia es el alto valor del Iman en el Din. Como la práctica de dicho Iman es capaz de transformar a la persona y hacerla suficientemente pura afín de que su corazón contenga a Allah. 

Pero el ser mu’min puede ir aún más allá en su desarrollo espiritual; puede llegar al Ihsan.

Cuando decimos que “el Ihsan es el adorar a Allah como si Le vieras, pues si tú no Le ves, El te vé”, no nos debemos referir que cuando adoramos a Allah tengamos una imagen mental de El enfrente de nosotros: no hermanos, no se trata de eso: considerad que estamos en un maqam superior al Iman.


Se trata pues de la Presencia divina instalada en el corazón, aunque la mente y el Ruh del ‘abd, como así lo es en algunos casos, no puedan llegar a concebir o ver a Allah.

Sin embargo, no es este el sólo caso, sino el de aquellos quienes ven a Allah con el Ruh. Decía el chayj Uddah Ibn Tunas (sucesor del Chayj al-Alawi): 

Si alguien no ha visto a Allah en este mundo no llegará a verle en el otro 

Sidi Uddah cuando habla de la visión de Allah en el otro mundo, se refiere al hecho de que los creyentes verán a Allah a través de velos los cuales serán levantados para los salihin. 

Esta visión de Allah, en ninguna manera se produce a través de los ojos del cuerpo, sino del Ruh, el cual se ha liberado de sus velos habiendo fallecido previamente la nafs. Esta visión se llama kashf y es el maqam más alto de todos.

¿Acaso no vio Rasul a Allah, estando a una distancia de tiro de arco? 

Continuaremos desarrollando este tema en el futuro. 

Valgan pues como presentación estas palabras. Esperamos haber alcanzado el objetivo de hacer llegar cuales son los niveles que verdaderamente les corresponden a las tres divisiones que nuestro Santo profeta – sobre él la plegaria y la paz – adjudicó a nuestro Din. 

Allah sabe más 

Salam


viernes, 3 de febrero de 2012

El Mawlid a-n-Nabawy - Zineb Badr -

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim :

Al Hamdu li-l-Lah ‘ala ni’mat al-Islam.

Vamos a hablar de una muy grande personalidad, a quien Allah ha escogido para la humanidad a fin de mostrar el camino para llegar hasta El. Muhammad es la puerta de Allah.

Como sabéis estamos en la época en la cual se recuerda y festeja el nacimiento del Profeta. Así pues vamos a decir unas palabras relativas al hombre más perfecto que ha venido sobre la faz de la tierra. Es cierto que no hemos vivido con él, no hemos vivido en su época, pero sentimos su presencia. El mismo ha dicho un día hablando con los sahaba:

Antum ‘ashabi wa hum ahbabi (vosotros sois mis sahaba pero ellos son mis amados). Los sahaba le preguntaron: ¿Cómo ya Rasulu-l-Lah?: Porque vosotros estáis conmigo, escucháis mis palabras, veis como el Wahi desciende hasta mí. Pero ellos no me han visto y han creído en mí sin verme, sin estar a mi lado, y aún así siguen la Sunna.

¿Porqué decimos que él se encuentra presenta entre nosotros? El ha dicho:

Asli (mi raíz), mi trabajo, no va a tener fin hasta el Fin del Mundo.

Cuando Rasul – sobre él la plegaria y la paz – estaba en su lecho de muerte, sayyidina Yibril –‘alayhi-s-salam – vino a comunicarle que había llegado su hora. Rasul le dijo: “Di a Allah que ha preparado para mi Umma”. “Allah le dijo que le iba a constituir en shafa’a y que El mismo iba a ocuparse de la Umma y de aquellos quienes verdaderamente le siguen.

Es por ello que estamos seguros que Muhammad y el Qur’an estarán en vida por siempre. Como dijo sayyidina Ali – qarrama-l-Lahu wayhu- :

Juliqtu li-l-‘abad (He nacido para siempre)

Si alguno piensa que Rasul está muerto, se encuentra en su tumba y no goza de presencia entre nosotros, ello lo podemos aplicar sobre esta misma persona: es él quien se encuentra muerto en la tumba.

Vamos a explicar esto para que nadie diga que no es cierto:

Dijo Rasul:

Cuando alguien hace Allahumma salli sobre mí, Allah me devuelve mi ruh a fin de que yo le conteste.

Es así que cada segundo, cada décima de segundo hay en la tierra alguien quien dice Allahumma salli ‘ala Muhammad, de lo cual podemos fácilmente deducir que su espíritu se encuentra siempre con él.

Cuando alguien sueña con Rasul, verdaderamente le vé como él mismo dice en el hadiz.

He aquí solamente una pequeña, pero consistente prueba de que Rasul está con nosotros.

Rasul ha dicho:

Ayunad el lunes porque es el día que yo nací y el día en el que comenzó la Revelación

Estas palabras las dijo para indicar la importancia del día de su nacimiento. Cualquiera quien sea inteligente comprende que este hadiz nos ha llegado con el fin de que no olvidemos su nacimiento.

La celebración del Mawlid es una oportunidad para mostrar nuestra afiliación a Rasul. Debemos hacer un gesto para mostrar el puesto de privilegio en nuestro corazón y así mostrar que nos reunimos por él.

Como dice el hadiz qudsi, toda la creación, todo aquello cuanto vemos procede de la luz con la cual Allah ha creado a Rasul. Aquel quien tiene el Basira es precisamente aquel quien es capaz de mirar esto.

Aquellos quienes tienen la Basira saben que el nacimiento del Nur se ha producido hace millones de años. Ahora bien, el Mulud que celebramos es un recuerdo para reunir a la Umma, aunque si debemos decir que aquellos quienes tienen la Basira tienen consciencia de la presencia de la nur de Rasul, todos los días en todo momento.

A lastu birabbikum, qalu: Bala (Acaso soy Yo vuestro Señor, dijeron: Bala) Sadaqa-l-Lahu Azim.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Umma, dirección y responsabilidad

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim :

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim taslima.
Dijo Rasulu-l-Lah – sobre él la plegaria y la paz - :
Una comunidad que no tiene jefe es una comunidad maldita.

Quien sale de la comunidad un solo palmo se desvincula (sale) del islam hasta que regrese, quien muere sin tener un jefe de la comunidad sobre él, entonces muere de una muerte de ignorancia (Hakim) (60 hadices sobre el gobierno de la Umma)

Hoy queremos hablar de este hadiz desde dos puntos de vista distintos. Por una parte querríamos explicar cuál debe ser el carácter de un dirigente de un grupo o de la comunidad. Además quisiéramos analizar cuáles son los perjuicios de la falta de esa cabeza de la comunidad, así como los beneficios los cuales se podrían obtener por la presencia de las personas quienes se encuentren en condiciones de desempeñar dicha misión.

El hadiz no solamente se refiere a una autoridad de orden político, sino que debe ser entendido dirigiéndose al concepto de autoridad mismo.

Y dicha autoridad para que sea legítima debe proceder de Allah, mediante una de las maneras en las cuales El ha establecido en Su Libro y en la Sunna del Enviado (sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam).

No estamos en absoluto tratando este asunto como resultado de un hecho determinado el cual haya acontecido en estas últimas fechas o con anterioridad. Nos estamos refiriendo más directamente a la falta de unidad existente entre los musulmanes, más concretamente en nuestra Umma andalusí.

Explicamos al principio que el motivo principal de la creación de nuestro blog, era, además de la transmisión de algunos conocimientos, el comenzar a crear una plataforma de unidad en nuestra Umma. Todos sabemos que dicha unidad está lejos de producirse, que no se vislumbra en un horizonte inmediato.

Es por este motivo por el cual nos hemos querido concentrar en el concepto de autoridad, a fin de que todos los elementos necesarios se encuentren presentes el día en el cual el gran paso pueda realizarse.

Sin embargo, hemos de confesar que existe una barrera importante para que la comunidad andalusí pueda seguir, no solamente a una persona o personas, sino a la/s persona/s adecuada/s. La principal dificultad estriba en que muchos de nosotros nos conocemos únicamente sino por medio de lo virtual (por Internet).

¿Cómo se escoge a un dirigente a la manera de Allah? Os voy a poner un ejemplo que conozco de primera mano:

A la muerte del chayj al-Alawi – que Allah esté satisfecho de él -, (1934) había cuatro discípulos quienes tenían el maqam para poder ser chayj. Ninguno de ellos quiso tomar esa responsabilidad, ni pasársela al otro, no por interés personal, sino porque necesitaban un signo de Allah. Se reunieron durante casi un año en Mostaganem (Argelia) esperando un signo. En esto, un día, un faqir relató que había tenido una visión durante el sueño, según la cual, había visto a sidi Udda Ibn Tunas con unas llaves abriendo la zawiyya. Los cuatro comprendieron el signo y escogieron a sidi Udda como el nuevo chayj. Uno de ellos, sidi Shwayb Mimun (abuelo de mi esposa), se volvió a Anwal en el Rif, y guardó hasta su muerte un estrecho vínculo de amistad con sidi Udda.

Otra forma es la Istijara, haciendo la cual, se ve en sueños lo que se consulta a Allah. La ‘iytima solamente está recomendada en el caso del gobierno político. Dicha ‘iytima no tiene en absoluto nada que ver con la democracia, pues la ‘iytima es únicamente la asamblea de los sabios, no la del pueblo.

Una vez una comunidad tiene un dirigente: ¿cuál debe ser el comportamiento de éste con el resto de los miembros? Un dirigente es responsable ante Allah, debe pues estar a la altura de ello. Hemos de saber que la dirección no es en absoluto un privilegio, sino sobre y ante todo una responsabilidad: “la de servir a la Umma de la mejor de las maneras dando importancia igual a todos sus miembros, y si ello es posible, más importancia que a sí mismo.”

Su responsabilidad es el estar pendiente de las necesidades de los miembros de la Umma, el renovar continuamente sus conocimientos del Din, el poner su responsabilidad por encima de sí mismo. Fijaos si esto es difícil. Se conoció al chayj Udda yendo al establo a ordeñar las vacas y a limpiarlo en lugar de enviar a algún otro en su lugar. Esta es pues una noción justa de responsabilidad.

En cuanto a los beneficios que la existencia de un dirigente pueda tener para la Umma son incontables. El primero y más importante es el que de esta manera la Umma estará reunida en torno a un mismo fin. Dicho fin será posible o más fácil de conseguir cuando toda la Umma se encuentre en torno a un representante elegido por Allah. Pero este momento está lejos amigos. De momento deberemos seguir trabajando, estar en contacto y avanzar en el conocimiento, tratando al mismo tiempo de aunar voluntades. Un día, si Allah así lo quiere las circunstancias se darán, y de una forma natural nuestra Umma llegará a unirse en un solo grupo.

En cuanto al perjuicio de una situación semejante, estamos siendo testigos de él: Una Umma dividida en reinos de taifas donde muchos detestan a otros tantos. El natural amor entre los creyentes se ha convertido en desdén puesto que, mientras unos grupos son manipulados para servir a intereses políticos extraños a nuestra Umma, otros son dirigidos por gentes quienes han establecido con sus grupos un medio para ganar dinero. Otros, probablemente la mayoría, hacen lo que pueden por trabajar por el Din, pero cada uno por su lado, sea por falta de medios, sea por la carencia de un verdadero propósito de unidad.

Las cosas pueden cambiar ¿por qué no?

Solamente desespera de la misericordia de Allah la gente que se niega a creer. (12-87)

Salam