sábado, 7 de septiembre de 2013

El Maestro

A-s-salamu 'alaykum:

La paz de Allâh sobre vosotros, familias y seres queridos

Una figura respetada antaño, brillante por su sabiduría y escasez; convertida ahora en vulgar, insustancial y vacía de contenido: El Maestro; sí, he dicho El Maestro.

Antaño, para ser maestro se debía hacer gala de una sabiduría contrastada, una paciencia y una presencia a prueba de bombas. Una figura ten respetada como temida; respetada porque encarnaba esa sabiduría que no poseíamos y temida por su poder para aprobar o desaprobar actitudes y hasta las más íntimas convicciones.

Ahora, cualquiera es maestro, cualquiera es experto, y el que no corre vuela para obtener ese título, y así poderlo mostrar al auditorio, subido en el pedestal de la propia nadidad ignorante, tratando de esa manera de impresionar a los débiles y ser famoso entre los crédulos, mostrando su incompetencia a los cuatro vientos. 

¡Qué barato está el ser maestro en nuestros días!

Opinan de todo y no saben de nada, hablan de lo que no conocen pues poco saben en realidad, gritan de impotencia frente a la verdad y se enfangan en el error, posan ante las cámaras se hacen grabar vídeos, se mueren por ser conocidos, se les hace la boca agua cuando de ellos se habla. Te dicen que no es educado denunciar a los mentirosos, ya que ellos son los mentirosos. No les importa otra cosa que estar en boca de todos, se hable de ellos, se les crea, se les venere, se les tenga en todo tipo de consideraciones. ¿La verdad? ¿de qué sirve eso en los tiempos que corren? Interesa tener a la gente en la ignorancia, enfangarles en el error, crearles inseguridad a través de mentiras arteras; en definitiva, se trata de convencer, y para ello la verdad es un escollo, algo de lo cual es necesario huir, no sea que se descubra el juego y se pierda el estatus. Con una gran dosis de estoica insolencia el “maestro” percibe con placer que nadie es capaz de contradecirle: - “El negocio marcha – dice – que tonta es la gente”.

Desde USA con perilla, Barranquilla con ignorancia hasta Córdoba con la impunidad que proporcionan las subvenciones, pasando por Chipre y hasta Turquía, los maestrillos, ya se llamen Isa, Toñito el Asturiano, Osman, Nazim o Habib Ali, Ibn Uzaymin u otros, pululan por centenas; sí por centenas; tan barata ha llegado a ser la sabiduría.

Sabiduría de papel confeccionada con barro de ignorancia envuelto en papel de regalo.

Lejos quedan esos días donde nuestros profesores nos enseñaban las Matemáticas y la Física, con las cuales podíamos saber que 2 más 2 son cuatro, que no da lo mismo 8 que 80 y que no es oro todo lo que reluce.

Hoy la verdad no es aquello que enseña y beneficia al espíritu, sino lo que da brillo a los ojos y lustre al bolsillo; hoy la sabiduría se mide en Euros y Dólares, se almacena en vídeos y Dvds y entra por los ojos. Hoy se puede hablar de todo, opinar de todo y estar orgulloso del saber conociendo cuatro consignas y otras cuatro diatribas; hoy, en resumen, la sabiduría está por los suelos y los sabios en el lodo. 
Hoy 2 mas 2 son “lo más posible” y 80 y 8 dan lo mismo porque se buscan millones. Hoy reluce todo menos el oro.

¿Pero dónde están los maestros de verdad? Se me preguntará - 

¿Acaso usted se preocupó de buscarlos?-  Responderemos.

Se acabó el interés por la sabiduría, quedó engullido por el interés en el dinero.


¿Alguien quiere empeñarse en demostrar lo contrario? Si alguien se empeña pues, que sepa que va a tener que envolver a esos “maestros” en papel de estraza y arrojarlos a allí de donde nunca debieran haber salido; quizás si esto hace se le habra una puerta hacia el conocimiento.

Salam

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