lunes, 30 de abril de 2012

El Qur'an es contundente - Invalidez de las otras religiones después de la Risala de Muhammad - sobre él la plegaria y la paz -.

A-s-salamu 'alaykum:

He aquí como el Qur'an, de una forma tan clara y simple como contundente, destruye las falsedades de aquellos quienes aseguran la validez de otras religiones después del Mensaje del Profeta - sobre él la plegaria y la paz -


Surah SURA DE LA EVIDENCIA [98]
"


En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo
La gente del Libro que había caído en incredulidad y los asociadores, no han desistido hasta que no les ha llegado la Evidencia. (1)

Un Mensajero que recita páginas purificadas. (2)
Que contienen escritos de rectitud. (3)
Y no se dividieron aquéllos a los que se les dio el Libro sino después de haberles llegado la Evidencia. (4)
Y no se les había ordenado sino que adorasen a Allah, rindiéndole sinceramente la adoración, como hanifes y que establecieran el salat y entregaran el zakat.Y esta es la práctica de Adoración auténtica.
(5)
Y realmente los que de la gente del Libro y los asociadores, se hayan negado a creer, estarán en el fuego de Yahannam donde serán inmortales. Esos son lo peor de todas las criaturas. (6)
Pero los que creen y llevan a cabo las acciones de bien, son lo mejor de todas las criaturas. (7)
La recompensa que junto a su Señor les espera, son los Jardines de Adn por cuyo suelo corren los ríos.En ellos serán inmortales para siempre ".Allah estará satisfecho de ellos y ellos lo estarán de Él. Esto es para quien tema a su Señor. (8)


Surat 'ala Imran (la familia de Imran) 84. Di «Creemos en Alá y en lo que se nos ha revelado, en lo que se ha revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus, en lo que Moisés, Jesús y los profetas han recibido de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él».

85. Si alguien desea una religión diferente del islam, no se le aceptará y en la otra vida será de los que pierdan.

86. ¿Cómo va Alá a dirigir a un pueblo que ha dejado de creer después de haber creído, de haber sido testigo de la veracidad del Enviado y de haber recibido las pruebas claras? Alá no dirige al pueblo impío.

87. Esos tales incurrirán, como retribución, en la maldición de Alá, de los ángeles y de los hombres, en la de todos ellos.

88. Eternos en ella, no se les mitigará el castigo, ni les será dado esperar.

89. Serán exceptuados quienes, después de eso, se arrepientan y se enmienden. Alá es indulgente, misericordioso.

90. A quienes dejen de creer, después de haber creído, y luego se obstinen en su incredulidad, no se les aceptará el arrepentimiento. Ésos son los extraviados.

91. Si uno que no cree muere siendo infiel, aunque ofrezca como precio de rescate la tierra llena de oro, no se le aceptará. Esos tales tendrán un castigo doloroso y no encontrarán quienes les auxilien.

domingo, 29 de abril de 2012

Palabras del chayj al-Alawi

A-s-salamu 'alaykum:

 

En nuestros escritos sobre la tariqa 'Alawiyya todavía no hemos citado unas palabras muy importantes del chayj al-Alawi - que Allah esté satisfecho de él -:

 

"Mi tariqa permanecerá indemne hasta el final de los tiempos".

 

"El núcleo de mi tariqa ha comenzado en Argelia, pero se establecerá en Marruecos".

 

Buenas palabras para la reflexión.

 

Salam

Palabra certera para aquel quien critica el sufismo - XIV


Continuación de la Palabra certera a quien critica el sufismo XIII publicada en Agosto 2011

Hemos comprendido pues que sus reuniones a fin de invocar o realizar otras obras del mismo género no son, según tú, otra cosa que extravío, y aún pujas más fuerte diciendo : « Para todo aquel quien cree en Allah y en el Ultimo Día, es ilícito asistir a sus reuniones o apoyarlos en sus prácticas carentes de validez ». Por Allah, qué cosa extraordinaria ! Cuándo ha sido revelada esa religión que prohibiría frecuentar a las gentes del Recuerdo ? Y si el simple hecho de reunirse estuviera prohibido, cual podría ser pues el estatuto jurídico de una reunión en la cual se mueven los labios para decir : « No hay divinidad sino Allah » ? Nos no podríamos conocer el juicio de Allah en lo que la concierne ! Pero, según tú, ello debe tratarse de la apostasía o de algo más grave aún ! Oh Allah, Tu sabes que no tengo nada que ver, así como el Islam y los musulmanes, con todo aquello que sostiene una teoría de esa clase !



No contento con haber proferido mentiras y acusaciones inícuas, añades aún para agravar tu caso: “Y esta es la postura de Malik, Shafi’i, Abu Hanifa, de Ahmad Ibn Hanbal y de los demás sabios » Osar de esta forma de asociar los Imames de la religión a tus elucubraciones pretendiendo que su postura es la tuya ! No lo quiera Allah !



Más arriba te hemos informado sobre el punto de vista de los sabios de las cuatro escuelas, como Yalalu-d-din a-s-Suyuti, Shabrakhiti, Firuzabadi y otros, entre aquellos cuyo nivel religioso es reconocido de forma unánime ; pero es imposible citarlos a todos, visto su elevado número. Ahora voy a enseñarte aquello que han señalado los cuatro imames, para convencerte de su deferencia hacia las gentes del sufismo ; sumado a todo aquello cuanto precede, ello permitirá desmentir de manera categórica tus alegaciones según las cuales ellos habrían criticado el sufismo en su principio mismo.



En lo que respecta a Shafi’i, es sabido que frecuentaba a los sufis, se vinculaba a ellos y les reverenciaba : cuando se le preguntó porqué razón hacía esto, respondió de la siguiente manera : « He aprendido de los maestros sufis estos dos aforismos, que ningún otro me ha enseñado : « El instante es como una espada : si tu no cortas con ella, ella te cortará » y « Ocupa tu alma con el bien, sino ella te ocupará con su contrario ». Es sabido que se encontraba muy vinculado a Shayban a-r-Ra’i, un sufi de los más eminentes – que Allah esté satisfecho de ambos – Un día el Imam Ahmad Ibn Hanbal, quien se encontraba en compañia de Shafi’i, interrogó a Shayban sobre el caso de un hombre que se habría olvidado de hacer una de las cinco plegarias sin acordarse de cual de ellas. Shayban respondió : « Este hombre es un olvidadizo de Allah, lo que necesita es ser educado ». Seguidamente preguntó sobre la limosna legal (Zakat). Shayban le dió una respuesta muy larga de citar, pero a partir de ese día Ibn Hanbal comenzó a reverenciar a los sufis. Su consideración era tal, que cuando un problema complejo y sutil se le presentaba, enviaba alguien a la busca de Abu Hamza al-Bagdadi, el sufi, para preguntarle su opinión ; este último le transmitía entonces aquello que Allah le había mostrado sobre dicho asunto.



Segú el autor de la Nusra-n-Nabawiyya, el Chayj Qutb a-d-Din Ibn Ayman, relata igualmente que el Imam Ibn Hanbal incitaba a su hijo a frecuentar a los sufis, diciéndole : « Han alcanzado un grado de pureza de intención el cual aún no se encuentra en nos »



Entre las sentencias del Imam Malik relativas al sufismo, las cuales han llegado a nos, encontramos la siguiente : « Quienquiera que practica el sufismo sin la ley es herético : quienquiera que practica la ley sin practicar el sufismo se ha desviado ; aquel quien reune los dos, realiza la verdad ».



En cuanto al Imam Abu Hanifa a-n-Nu’man – que Allah esté satisfecho de él -, se dice que fué interrogado sobre las invociones ritmadas mediante el movimiento corporal que practican los sufis : « Los estados que manifiestan son auténticos o simulados » ?. He aquí lo que respondió : « Allah hará entrar ciertas personas en el paraiso con sus tambores y sus cantos. » El relator de esta historia añade las siguientes precisiones : « Se encontraban entre nosotros unas gentes quienes acompañaban de tal manera sus invocaciones por el movimiento corporal, que terminaban cayendo a tierra ; ahora bien, el Imam no les criticaba. Cuando ellos le visitaban, él les honraba, y si le hacían preguntas, las respondía con sumo gusto. Su chayj dijo un día al imam : « Qué piensas – que Allah esté satisfecho de él – de las gentes de la comunidad de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – quienes se reunieron en una iglesia, dirigiéndose unos a otros proposiciones diabólicas desde la mañana hasta la tarde : son increyentes o no ? » « No se puede tratar de increyentes a las gentes de mi comunidad a causa de un pecado », respondió – que Allah esté satisfecho de él - ; ahora bien, aquello de lo que se trata no es un pecado. » Es el autor de la Tuhfa ahl al futuhat wa-l-adhwaq quien ha relatado esta anécdota. Se trataba, para el Imam sobre estas cuestiones, de tratar que no se afirmara nada en materia de religión, basado en opiniones personales, que pudiera conducir a suponer de increencia u otra cosa a un miembro cualquiera de la comunidad. Qué Allah les recompense ! Cuan basta es su ciencia y grande su mansedumbre !



En estas circunstancias, como es posible el atribuir a Abu Hanifa palabras tan absurdas como las siguientes transmitidas por algunos : « (Para purificar el suelo), es necesario cavar en los lugares donde han invocado según costumbre, y rellenarlos con arena » ? Y ello a pesar mismo de que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho : « Gentes quienes invocan a Allah son siempre rodeados por los ángeles y rodeados de la misericordia divina ; la paz desciende sobre ellos y Allah los menciona a aquellos quienes se encuentran en Su Poximidad » ! Palabras semejantes no sería capaz de proferirlas ni tan siquiera alguien vanal ; es pues « a fortiori » impensable que uno de los cuatro grandes Imam sea su autor ; antes bien al contrario, estos últimos ni tan siquiera desaconsejan que, en el país del Islam, el suelo de una iglesia se convierta en mezquita ; contrariamente, ellos no consideran las mucosidades, el sudor o la saliva como cosas impuras, aunque se tratara de los de un cerdo. Los ignorantes quienes relatan tales chismes, no conocen que cuando el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – quería construir su mezqita, el lugar en cuestión, conteniendo como contenía tumbas de politeistas, hizo desplazar sus osamentas a fin de construir el edificio en ese lugar bendito ? Acaso él pidió que se excavase el suelo y más tarde se trajera tierra de otro lugar ? Ciertamente no hizo nada de eso, y nadie ha relatado una semejante historia ! Entonces, como el Imam podría haber dado tales instrucciones, con los conocimientos y perspicacias que poseía ? Allah no lo quiera !



El autor de la Tuhfa al-fatawa precisa ques estas palabras detestables han sido falsamente atribuidas al Imam Abu Hanifa, insistiendo sobre el hecho de que ellas son incompatibles con la siguiente anécdota que se relata sobre su persona. Un discípulo sufi contemporáneo suyo vino a preguntarle lo que sería necesario hacer con una mezquita en la cual algunos judíos habían habitado durante tres días con sus mujeres e hijos : era necesario lavarla, destruirla o cualquier otra cosa ? El Imam respondió que al menos de encontrarse en ella una mancha específica, cuya presencia hubiera sido verdaderamente costatada, esta mezquita era pura. No invalida esto claramente esta recomendación que se le atribuye de escavar el suelo que habrían pisado los discípulos sufis invocando ? El chayj Abu-l-Hassan Ibn Mansur al –Yunaidi, de la escuela jurídica de Abu Hanifa, ha dicho esto : « Ninguna de esas execrables palabras provienen de nos o de un imam experto en jurisprudencia hanafita. Ellas provienen antes bien de algunos « recusadores » quienes pretender negar la existencia de los Justos. » El autor del Nusra a-n-Nabawiyya relata que el Chayj Abdu-l-Hakim se indignó igualmente por ello y los desmintió de la siguiente manera : « En realidad es un mu’tazillita quien se encuentra en el origen de esta opinión… Ello fué atribuido al Imam (Abu Hanifa) de manera mendaz por Ibn Sharhan al-Fazzani – que Allah le castigue. No quiera Allah que al Imam haya podido expresar algo semejante ! Efectivamente él amaba el Recuerdo y a sus practicantes, el canto y las melodías, así como los versos recitados por una bella voz. »


lunes, 23 de abril de 2012

El error perennialista de Guénon - Conclusiones



Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim :

Como colofón del pequeño análisis que hemos realizado sobre la obra de Guénon, considero que debemos dar algunas explicaciones.

En principio, quisiera expresar que nos reafirmamos en todo lo expresado. Ahora bien, de nada hubieran servido todas estas entradas sino hubiera una finalidad detrás de ellas. La hay, y ella consiste en nuestro desvelo por salvar a la Ummah de Muhammad de estas ideas, las cuales, tomadas al pié de la letra y llevadas a sus últimas consecuencias, podrían llevar, como de hecho así ha sido en más de una ocasión, a la apostasía.

Si bien nuestras palabras pudieran pecar de secas y duras, o al menos, de poco poéticas; también es cierto que la gravedad del asunto no nos ha dejado ser más “suave”, así como lo limitado de las entradas del blog no nos ha dado margen a explicarnos de una manera, digamos, más cordial.

Las críticas emitidas antes de esta nuestra, al menos las que conocemos, aunque contrarias hacia este movimiento, probablemente hayan sido demasiado académicas, y debido a esto los perennialistas se han frotado las manos al ver dichas críticas en su campo de batalla “el academicismo”, propicio para el juego de las palabras y astutas estrategias. Por ello nosotros no íbamos a ser tan “inocentes” de caer en su trampa y les hemos abordado desde donde no esperaban.

No nos hacemos ilusiones, sabemos que este blog no es muy popular; sin embargo, estamos seguro y tenemos plena confianza que personas bien intencionadas darán a conocer estas críticas y que algún día ellas darán su fruto.

El guenonismo puede llegar a ser una peligrosa droga la cual puede hacernos llevar a creer que cualquier religión sirve para adorar a Allah y que nuestra religión es una de tantas otras las cuales existen en un universo global.

Probablemente la debilidad del Iman de algunos les lleva a buscar experiencias raras y palabras engañosas. No en vano nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – debió el tener que decir:

En los últimos tiempos habrá gentes quienes pronuncien palabras como los ángeles y sus corazones  sean como el de los lobos.

¿Qué hubo de ver nuestro Profeta para que con un carácter misericordioso como el suyo debiera llegar a decir que los corazones de algunos llegarían a ser como el de los lobos? ¿No encontráis que estas son palabras mayores las cuales requieren para nosotros el tener el mayor de los cuidados y las cuales nos ponen en guardia contra las palabras de cualquier advenedizo quien quisiera hacerse pasar por sabio?

¿No debe producirnos congoja el hadiz del Profeta que dice que llegarán unos tiempos donde las gentes hayan olvidado la religión y haciendo alarde de memoria digan: “Escuchamos a nuestros padres que decían La ilaha illa-l-Lah Muhammad Rasulu-l-Lah”, relegando a esto todo su conocimiento de la religión? ¿Acaso pensamos que no tenemos responsabilidad alguna con el Islam?

No es necesario ser muy inteligente para comprender que dicho unitarismo es el regocijo de aquellos quienes, dándose perfecta cuenta de la supremacía del Islam, desearían hundirlo y separar a las gentes de él.

Aquellos quienes con sus ideas lesivas lanzan a la apostasía a la gente no pueden ser aliados sino de los enemigos del Islam. Palabras de miel y corazón de lobo. Aquel quien invita a los musulmanes a la apostasía no puede ser otra cosa que nuestro enemigo declarado.

Sí hermanos, aquellos quienes buscan dañar nuestro Din. Y nosotros, cándidos y mansos hemos caído en sus redes; ya sea a través del perennialismo o seudosufismo, ya sea a través del salafismo y wahabismo, nacidos ambos para aniquilar el Din.

¿Dónde está nuestra inteligencia? ¿Dónde nuestro amor al Islam que tanto nos ha dado?

Os dejo estas reflexiones. Un servidor no gana nada con esto. Antes bien, hemos dejado en estas entradas una parte de nuestra energía y nuestro tiempo. Fi sabili-l-Lah.

Nos duele ver nuestro Din dañado a derecha y a izquierda. Nos asombra ver la escasa defensa que tiene. Escasa pero loable.

Decidme hermanos: ¿Dejaremos entrar al ladrón en la casa para que la desvalije toda? ¿Seguiremos ocupados en políticas estériles? ¿O tomaremos la pluma y la palabra para defender el Din como muyyahidin?

Salam


domingo, 22 de abril de 2012

El error perennialista de Guénon - V y último - El término "Tradición"


Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Vamos a finalizar con las reflexiones acerca de la obra de Guénon refiriéndonos a un término recurrente utilizado por él mismo como eje central de su doctrina. Nos referimos a la palabra “tradición”.

Réné Guénon intenta convencernos de lo justificable de la razón por la cual había escogido este término a fin de explicar su teoría de la Súper tradición primordial. Y aunque intenta decirnos y repetirnos hasta la saciedad las razones de su decisión, al menos para aquel quien se encuentra escribiendo aquí, no consiguió ser convincente.

Es extraño contemplar como aquél quien tanto se preocupó en hacernos comprender la necesidad de seguir un camino proveniente de la revelación divina (no-humana, como a Guénon le gustaba decir), quien pretendía plantar la semilla para una recuperación intelectual-espiritual del mundo, fuera precisamente a escoger el término más “humano” de todos aquellos los cuales podrían entrar en liza como candidatos a representar la transmisión espiritual. Precisamente, según comprendemos nosotros, el único término el cual no se encontraba en correspondencia con aquello lo cual se quería representar a través de él. Un término de raíces y connotaciones puramente humanas, contrariamente a aquello lo cual nuestro autor intentaba demostrarnos, a pesar de que, como lo explicó en numerosas ocasiones, no había encontrado otro más adecuado.

¿Podríamos pensar que nuestro autor no conocía suficientemente su lengua para no encontrar otro término más apropiado? Creemos que no: si bien en su obra la riqueza semántica y sintáctica brillan por su ausencia, los otros términos candidatos a la elección no se encontraban tan lejos del lenguaje vulgar. Es más, existían palabras más propicias a fin de indicar una idea de ese pretendido calibre.

Un servidor aquí se inclina a pensar que todas esas pretensiones de Guénon de desligarse de lo humano, sobrepasarlo y mirar hacia lo trascendente, no eran producto de otra cosa que de la aspiración humana a superarse a sí mismo y a los demás, como así lo demuestra su otro término bien amado: “élite”.

Es decir, la doctrina de Guénon consistía en una humanización de lo espiritual y no en una espiritualización de lo humano. Ello lo demuestra su vórtice cónico donde la base más extensa se encontraba en lo humano y la cúspide en lo divino, mientras en realidad la gran extensión se encuentra en lo inmanente y la pequeñez en lo humano. En el fondo Guénon apostaba por un superhombre, superdotado, formando parte de una élite exquisita; algo así como una aristocracia espiritual.

Esta aspiración, confesada indirectamente en su apoyo a la inhumana sociedad de castas hindú, y en su preferencia “intelectual” por la inteligente raza aria, podría pasar desapercibida al primer análisis. Por supuesto, no lo pasa para aquel quien desea profundizar más y analizar las cosas sin pasión y con completa objetividad.

Existe un término utilizado frecuentemente para designar el descenso de las voluntades divinas al género humano. Este término, aunque utilizado frecuentemente, no deja de ser el mejor posicionado para indicar la trascendencia de las voluntades de la divinidad, así como del punto de procedencia de las mismas. Este término es: “Revelación”.

Su significado es el de una comunicación y transmisión de la divinidad (Allah) a la especie humana de un camino el cual ésta debería seguir a fin de, sea culminar en la extinción de la persona y posterior unidad con la Unicidad divina, sea conseguir el recibir una recompensa eterna. En el Islam ese camino se llama Din, y esta palabra no podría ser nunca traducida por “tradición”, puesto que tanto su punto de partida y su punto de retorno se encuentran ambos en lo trascendente. La palabra Din, probablemente no deba ser traducida por religión, de ahí el rechazo innato de los musulmanes a traducirla así. Vemos en ella, tanto un conjunto de normas transmitidas por lo divino, aparentemente humanas, así como un camino a fin de que el ser humano pueda despojarse de sus trabas psicológicas y del alma (nafs) a fin de integrarse en un mundo trascendente. Evidentemente el término religión no puede traducir esto, como así mismo puede hacerlo la palabra “tradición”. Abogamos por el término “revelación” (risala) el cual es el menos mal posicionado, y a su vez el más adecuado a fin de representar un conjunto de elementos de orden divino a fin de guiar a la humanidad. Y no solamente a la humanidad, pues como lo dice Allah en Su Libro luminoso (Qur’an):

No he creado a los hombres y a los genios sino para que Me adoren

La palabra “tradición” es a menudo utilizada a fin de traducir Sunna. El principal significado de este término es el de costumbre; sin embargo, como el primer uso de esta palabra fue por parte del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, su ámbito ha quedado reducido únicamente para indicar el conjunto de hadices los cuales nos hablan de los hechos y palabras de Muhammad.

Como la palabra costumbre es un término bastante débil para traducir la palabra Sunna, algunos han preferido traducirla por “tradición” añadiendo …del Enviado de Allah, a fin de separarla de cualquier otro significado de este término, el cual no refleja otra cosa que transmisión de orden humano de costumbres antiguas o ancestrales.

Nuestra intención al entrar en este análisis lingüístico no es otra que la de desvelar que el origen de la doctrina de nuestro personaje era mucho más humano de lo cual él mismo pretendía.

Consideramos haber descubierto un filón el cual, poco a poco, y tirando de la madeja, nos puede llevar a los orígenes y muy probablemente final de nuestro personaje, es decir: “La Masonería”.

Podemos situar en el haber de Guénon una sola cosa: el haber denunciado el maltrecho estado de nuestro convulso mundo, lo separado que se encuentra de la naturaleza ruhani del ser humano y lo inmerso en lo material de su estado actual. Ahora bien, en cuanto a soluciones presentadas, Monsieur Guénon, dejaba mucho que desear.



Salam.

viernes, 20 de abril de 2012

El error perennialista de Guenon IV - Iniciación y Realización

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallimu taslima.

Continuamos con nuestro análisis del perennialismo guenoniano cuestionando los términos iniciación y realización. Si bien dichos conceptos forman parte de la realidad del fenómeno masón, ambos no se corresponden en modo alguno con el sufismo auténtico, el cual durante trece siglos ha ocupado un lugar de honor en la civilización musulmana, dirigiendo con sus consejos a los sabios religiosos de la comunidad.

Según nuestro personaje la iniciación es un rito de entrada en una “organización esotérica tradicional”. Dicho rito se le antojaba necesario, e incluso, era para él portador de un simbolismo sagrado a través del cual la persona iniciada era puesta en contacto con las fuerzas espirituales las cuales deberían intervenir en lo sucesivo a fin de transportarle hacia la realización, siempre y cuando dicho iniciado, cumpliera los requisitos exigidos en materia de cualificación.

La realización consistía en realizar uno de los dos estados principales considerados por él, a saber: “Los misterios menores y los misterios mayores”, siendo el primero un estado de realización dentro que lo que él consideraba el Ser, y el segundo, la gran realización, estado en el cual el ser humano se desnudaba de todos sus atributos creados a fin de integrarse en lo que Guenon llamaba la Unidad con el Principio Inmanente cuya esencia se encontraba en el no-Ser.

Por supuesto que esta exposición es somera y puede ser tachada de incompleta; en realidad lo es, por razones de espacio, pues si quisiéramos hacer un examen detallado deberíamos escribir un libro, cosa la cual no nos tienta en absoluto, ya que con estas explicaciones resumidas, sin duda conseguiremos nuestra objetivo, el cual es demostrar lo erróneo de la doctrina de Guénon. No sin ironía podemos decir, que nuestros escritos son claros y fáciles de comprender, incluso para aquellos a quienes nuestro personaje llamaba “no cualificados”. Ni decir tiene que dicha ironía busca como blanco evidente el espíritu exquisitamente elitista de Guénon.

Desde el punto de vista del sufismo todo es bien diferente. Sí existe un rito o, podríamos decir, ceremonia, mediante la cual, el aspirante al maqam (murid) se vincula a la sílsila de la tariqa a través del chayj quien a su vez le pone espiritualmente en contacto con el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Ahora bien, a fuer de ser veraces, podemos decir sin lugar a equivocarnos que el rito en sí mismo no es fundamental ni estrictamente necesario. Lo verdaderamente necesario es el consentimiento, tanto por parte del chayj como del aspirante, por parte del primero a admitirle en la tariqa y por parte del murid en aceptar las condiciones inherentes a la práctica espiritual. Son pues esencialmente ambas voluntades las cuales son registradas por Allah en Su infinito Conocimiento.

Es muy importante poner en relieve que en el caso del sufismo el hilo conductor de la andadura en la tariqa es la Mahabba (Amor). Dicho amor, aun teniendo correspondencia y reflejo en lo mundano, releva de una aceptación divina en primera instancia, a fin de que siendo amado por Allah el discípulo pueda amarLe a su vez, devolviendo ese Amor divino, el cual recibe, a su fuente original.

Sin duda, existen muchos más elementos a analizar en este ámbito. Remitimos para ello a nuestras entradas tituladas “Consideraciones sobre el maqam”; sin embargo, en este momento nos centraremos únicamente en una figura representada en los escritos de Réné Guénon como el culmen de su doctrina de la realización.

Para él, la representación simbólica de la realización espiritual era un vórtice el cual desde lejos podría ser percibido como un cono en su posición normal, es decir, con su cúspide en lo alto. A dicha cúspide se accedía girando en espirales. Cada espiral es horizontal, despegando ligeramente de la base a fin de encontrarse con la espiral superior inmediata, y así sucesivamente hasta llegar a la cúspide, la cual Guénon situaba en el límite entre el Ser y el No-Ser.

Curiosamente, y por ello estamos convencido de que Guenon copió el concepto, el chayj al-Alawi había precedentemente hablado de esta figura. Sin embargo, Guénon la invirtió.

Con esto queremos decir que el chayj al-Alawi consideraba el punto de partida en la base como un punto del cual nos separamos girando en espiral en el sentido contrario a las agujas del reloj. Cada espiral conecta con la superior, elevándose hasta encontrar una última y enorme espiral cuyo límite es el “sidrata muntaha” (azufaifo del confín), al cual únicamente pudo elevarse Rasul – sobre él la plegaria y la paz - . En el momento en el cual el gnóstico ha llegado a su maqam, siempre que éste sea el de un maestro cualificado en la vía del tawhid, se encuentra obligado a descender de nuevo con el fin de poder tomar a los discípulos de la mano y poderlos elevar al maqam que a cada uno le corresponde según lo que se encuentra escrito en su libro del Destino. En dichos estados no existe división alguna entre pequeños y grandes misterios, sino que antes bien nos encontramos frente a dos otros conceptos muy diferentes llamados “Paz” “Gran Paz”. El primero de los términos designa el maqam predestinado para el discípulo, aunque éste no fuere muy elevado. Sin embargo, al haber llegado a su límite, muchas de las tensiones presentes durante su andadura desaparecen al haberse acabado su tendencia ascendente de estado en estado. El segundo término: “Gran paz”, designa el estado de aquel quien ha alcanzado un maqam en el cual su nafs ha sido expuesta a la muerte. No solamente esto, sino que una vez la nafs extinguida, se haya alcanzado el estado en el cual se es capaz de guiar a otros.

¿Os dicen algo estas vueltas en sentido contrario al de las agujas del reloj? ¿No os recuerdan al Tawaff realizado alrededor de la Casa Sagrada de Makka? He aquí pues una explicación de envergadura para aquellos quienes se pregunten sobre el significado de estos giros sagrados alrededor de la Ka’aba, corazón de la tierra y signo de la Presencia Divina (Sakina).

Habiendo explicado el recorrido a través de dicha figura cónica invertida, debemos significar que en la doctrina sufí-islámica no existe correspondencia alguna con las términos Ser y No-Ser en el sentido en el cual Guénon los explica en sus escritos. Pensamos, pero esto es otra cuestión, que el Ser y no-Ser de Parménides no se corresponde con sus paralelos genonianos.

En realidad el sufismo siempre hace hincapié en la condición de ‘abd (siervo de Allah) de aquel cuya nafs ha sido vencida y ha “muerto antes de la muerte”. El “Fana” (extinción del ego en la realidad divina) hacen que de alguna manera el siervo “no-sea” ante su Señor. Al contrario Allah siempre “es”, tanto en Su proximidad al mundo como en Su Inmanencia, independiente de aquello lo cual El Mismo ha creado. De alguna manera Allah es el “Ser” dotado de infinitos atributos de los cuales ha expresado 99, y el siervo y todo lo creado es el “No-Ser”, pues ninguna existencia es posible sin Su Presencia en cada una de las partículas de aquello lo cual El ha creado por y para El Mismo.

Allahu nuru-s-samawati wa-l-‘ard  (Allah es la luz de los cielos y de la tierra)

Dicha luz se encuentra presente en cada una de las partículas de los seres creados, sea en el mundo manifestado, sea en el mundo oculto para el común de los mortales. Cada uno de nosotros percibe de ella lo que es capaz según sus capacidades. Es precisamente la práctica del Ihsan con la ayuda de un maestro experimentado la cual nos va haciendo, paso a paso, capaces de soportar la claridad de esa luz presenta en todos los mundos.

Seguiremos y daremos fin a nuestro análisis con el capítulo titulado “Tradición o Revelación”.

Salam


miércoles, 18 de abril de 2012

El error perennialista de Guénon III - Oriente y Occidente

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallimu taslima.

Seguimos analizando la teoría perennialista guenoniana, esta vez desde otro ángulo, a saber: la dicotomía irreconciliable enunciada por Guenon, llamada por él: Oriente y Occidente.

No iremos mucho más lejos en el análisis de su obra. En realidad, un conocido nuestro se encuentra preparando un libro bastante documentado donde se denuncian el perennialismo y los perennialistas. Sin embargo, a raíz de ciertas reacciones contempladas por parte de algunos interesados y de sus correligionarios, tendentes a cuestionar la validez de la Shari’a, hemos creído necesario escribir esta serie de artículos, de los cuales esperamos que éste sea el penúltimo. El siguiente será dedicado a la “iniciación-realización espiritual”, en el cual además explicaremos nuestra extrañeza de que Réné Guénon utilizara el término “tradición” para designar la transmisión no-humana, es decir divina, habiendo francamente otros términos en las lenguas occidentales y el árabe más acordes a la naturaleza de aquello lo cual, en teoría, él intentaba expresar.

El tema de Oriente y Occidente es recurrente y se convierte en una de las bisagras las cuales vehiculan su obra sobre  el eje sempiterno de la “tradición primordial”.

Tan importante fue para Guénon esa dicotomía que escribió un libro titulado así, afín de aportarlo como prueba convincente de la autenticidad de su doctrina bien amada.

Según Guénon los orientales son aquellos cuyas religiones han sido una extensión más o menos directa, con sus adaptaciones inherentes a los tiempos, de esa “tradición primordial” que con tanta originalidad se inventó. Doctrinas, la mayoría de ellas sin Shari’a como el Buddismo, la Vedanta y el Taoismo, eran tan puras que no se podrían mezclar con algo tan burdamente manifestado como una ley religiosa, siempre según él, por supuesto.

Parece ser que Guénon no aceptaba el cuerpo que Allah le había dado, y sin alas, quería volar en las alturas de la inmensidad. Qué curioso, a todo el mundo le gusta recibir la paga sin trabajo, tan solo por su “simpatía” y el “aquí estoy”. En ello Guénon, quien cobraba buenas rentas de sus bodegas, no se diferencia en nada de esa generación de niños ricos new-age quienes se creen tener derecho a todo por ser ellos quienes son.

Por supuesto, Guénon otorgaba a los susodichos orientales una inteligencia y capacidades de concentración, tan grandes, que ellos los súper cualificados orientales, nos daban miles de vueltas a nosotros los pobrecitos occidentales, tan débiles y tan poco cualificados.  En lo que no reparó o no quiso reparar el personaje es en que eran “tan inteligentes” que necesitaban prosternarse delante de los ídolos, mientras los descalificados musulmanes no los necesitábamos para aproximarnos a Allah. ¿Dónde está pues aquí esa pretendida superioridad? ¿No os parece que el haber pasado este hecho por alto releva de una falta de buena voluntad de nuestro autor?

Parece ser que el personaje debía imprimir una nota de fuerza en sus convicciones a fin de estar seguro él mismo y asegurar a los demás, ello a fuerza de escuchar todos los días la misma melodía a fin de que quedara grabada a sangre y fuego en nuestras mentes. Ni que decir tiene que haciendo creernos a los pobres occidentales tan poco cualificados, nos predisponía a ponernos en manos de nuestros padres espirituales (los orientales) a fin de que nos ayudaran a digerir ese alimento primordial, el cual nosotros tan minúsculos no podíamos ni sabríamos consumir solos. ¿No os suenan estos planteamientos a aquellos los cuales forman la base de una secta?

Para Guénon, la “tradición cristiana” formaba parte de Occidente y era solamente una expresión muy degenerada de su “tradición primordial”. En cuanto al Islam, se encontraba a medio camino entre Oriente y Occidente. El Islam no era tan avanzado como sus doctrinas orientales pero si lo era más que el cristianismo. Guénon encontraba únicamente interesante el Islam por su aspecto sufí. Poco le importaba a él una ley religiosa, la cual era fastidiosa para los cualificados, aunque reconocía su utilidad solamente teniendo en cuenta el punto de vista de que ella era válida para aquellos quienes, no siendo capaces de seguir las doctrinas orientales expresadas, podrían encontrar en aquella un medio de vincularse de alguna manera a su súper religión y de esta manera tener la gran suerte de recibir un poquito de “baraka”.

Llegaba aún más lejos en su análisis Guénon cuando manifestaba que la descalificación occidental llegaba incluso a manifestarse en la raza, siendo para él, la raza blanca la más débil de todas las existentes en el mundo, tanto corporal como psíquicamente, ¿cómo no?, espiritualmente. Guenon era incluso contrario a la mezcla de razas mediante el matrimonio. Inclusive para aquellos occidentales quienes se habían vinculado a alguna doctrina oriental, él les concedía el derecho a ser una excepción de la regla, tan extraordinaria que no llegaba a alterar ésta.

Pero ¿qué dice el Islam de todo ello?. Tan simple es rebatir estas ideas como incomprensible que tantas personas se hayan quedado cautivadas de nuestro personaje hasta el punto de abandonar el Islam, como pudimos comprobar con una veintena de personas quienes apostataron después de haberse vinculado a un shayj sufí. Es preciso comentar, que su comportamiento arrogante con dicho shayj, recibió unas enérgicas críticas por parte de éste en cuanto a su más que posible expulsión de la tariqa la cual frecuentaban.

Hemos sido así mismo testigo de cómo algunos quienes habiendo recibido el vinculamiento del mismo chayj, a su muerte, se han quedado sin buscar otro, debido a la egolatría de algunos jefecillos quienes necesitaban tener alumnos a quienes enseñar sus habilidades en el “conocimiento profundo” de la “tradición primordial”. Ello les ha llevado a separarse de los musulmanes a quienes solamente se acercan a fin de picar y correr, es decir, de tratar de atraer adeptos a su secta, cuanto más ricos mejor.

He aquí dos ejemplos del daño que está haciendo e hizo esta nefasta doctrina del perennialismo, la cual, como ya lo hemos expresado antes, tiene todas las bazas de ser un preludio se la religión mundial con la cual el Dayyal intentará corromper el mundo.

El Qur’an, antes bien, reconoce a la comunidad de Banu Israil como la comunidad elegida sobre todas antes de la venida de sayyidina Isa. Una vez el cristianismo unitario se extendió, Allah en el Qur’an da a éste prioridad sobre el judaísmo. Luego el concepto de comunidad elegida pasa a la de los cristianos unitarios.

A la venida de Rasul – sobre él la plegaria y la paz – la Revelación nos indica como nosotros somos la comunidad elegida por Allah, entre otras cosas, y, esto es muy importante, porque ordenamos lo establecido y prohibimos lo reprobable.

He aquí pues un manifiesto de la importancia de la Shari’a. Pero a esto nos aplicaremos a fondo en nuestra próxima entrada sobre la iniciación-realización.

Creo que queda suficientemente demostrado la simpleza con la cual se puede rebatir tan pueril doctrina, que por lo humana (guenoniana) pierde lo de inmanente y trascendente, término este último el cual gustaba de pronunciar nuestro protagonista invitado en este blog, el señor Guénon.

Salam

martes, 17 de abril de 2012

El error perennialista de Guenon II - Exoterismo-Esoterismo

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim.

Vamos a continuar nuestro análisis de la obra de Guénon (perennialismo) con el estudio del punto de vista islámico sobre uno de los temas recurrentes en su obra “esoterismo y exoterismo”.

Leyendo sus exposiciones con respecto a dicha dicotomía, podemos sacar la conclusión de que, para Guénon, Esoterismo era la pura espiritualidad y el exoterismo la ley religiosa, no siempre necesaria como soporte de acceso a un esoterismo para la élite, pero necesaria para los no-elegidos a fin de que éstos pudieran beneficiarse de su vinculamiento a una forma tradicional, siempre dependiente de la matriz, es decir, de la Tradición Primordial; todo ello, siempre según él.

Este montaje de piezas, tendentes a demostrar la necesidad de un retorno a la tradición, nunca ha dejado de formar parte de sus teorías.

Hablaremos en otra entrada de lo erróneo del concepto “tradicional”. Para Guénon representaba todo aquello lo cual dependía de la revelación. Aunque parece ser que a Guénon le atraía más el aspecto humano que el divino, de ahí la adopción del término “tradición” (transmisión de la revelación en la humanidad) en lugar del usado por el Islam “revelación” el cual, teniendo como raíz lo divino se expresa en lo humano. Curioso lapsus, sobre todo para aquél quien se jactaba de buscar la pura espiritualidad.

Sin embargo, aquí nos vamos a ceñir a sus interpretaciones sobre el exoterismo y esoterismo, a fin de demostrar que el uso de dichos términos por parte del personaje no se refieren en absoluto a una realidad, sino antes bien a un producto de su interpretación personal del mundo de la revelación.

Para Guénon, esoterismo era todo aquello lo cual relevaba de la pura espiritualidad. Inclusive para él, existían civilizaciones “tradicionales” tan avanzadas que no necesitaban de una ley revelada la cual reglara los actos elementales humanos a fin de seguir el esoterismo, el cual era la sola razón de ser de su proclamada “élite intelectual”.

No obstante, para él, el exoterismo es un término el cual releva puramente de la ley religiosa. Según nuestro personaje la Ley no era necesaria para los superdotados quienes pudieran suscribirse al Taoismo por ejemplo; pero esto no estaba al alcance para nosotros los “pobrecillos occidentales” quienes “sin ser capaces de hacer la “O” con un canuto”, perdón por lo gráfico de la expresión, fuéramos tan “ordinarios” e incapaces que tuviéramos necesidad de una Ley. Decir de pasada que Guénon estaba convencido de la superioridad de la raza aria con respecto a las capacidades espirituales, de ahí su debilidad por lo hindú. Y ello lo veremos en nuestro análisis sobre Oriente y Occidente.

En cuanto a la dicotomía en cuestión, podemos probar fácilmente una vez más como ambos conceptos no expresan en forma alguna la realidad. Y lo haremos con una hadiz muy conocido:

Se me ha dado amar tres cosas sobre las demás en esta vida: la plegaria, las mujeres y los perfumes; y el colirio de mis ojos está en la plegaria.

He aquí un ejemplo de la fusión existente en el Islam entre el interior y el exterior. La plegaria canónica, siendo como es, obligatoria para todos los musulmanes, por supuesto también lo es para el sufí, contiene en ella misma un significado oculto y operativo en el interior del ser humano. Seguramente, dicho significado no es accesible a todos por el motivo que vamos a expresar, pero ella es un buen ejemplo del completo matrimonio existente en realidad entre aquello lo cual por conveniencias del lenguaje ha sido dado en llamar “interior y exterior”.

El Islam tiene tres ramas, a saber: Islam, Iman e Ihsan. Dichas ramas no consisten en sistemas separados unos de otros, sino que antes bien se trata de escalones de una misma escalera. De tal manera que aquel quien ha realizado el maqam del Ihsan ha realizado los dos precedentes. No solamente los ha realizado sino que si los dejara de asistir se perdería. Imaginemos que pasaría a la escalera si le quitáramos los peldaños de más abajo: se derrumbaría. Así mismo ocurre para quien ha realizado el maqam del Iman con respecto al de Islam. Es quien se encuentra en el maqam del Islam quien se emplaza en lo más bajo de la escala, estando no obstante en ella. Ello anula la teoría de Guénon según la cual alguien puede acceder al conocimiento sin cumplir con las condiciones de la ley exterior.

Dicel el Libro de Allah:

Allah está más cerca de vosotros que vuestra vena yugular

Ello nos recuerda la presencia de Allah en todos los niveles, ya releven del interior o del exterior.

Recordemos al shayj Mawlay Al-Arabi a-d-Darqawi, como encontrándose en plena meditación sobre los Nombres Divinos, se decía:

Que Allah es el Interior, lo comprendo, pero ¿qué es eso que Allah es el Exterior (A-z-Zahir)? Eso no lo comprendo. Es entonces cuando Allah se le reveló como el Exterior y pudo conocer el resto.

Si los sufíes se han reunido en zawiyyas y se hacen enseñar por un maestro específico es a causa de la singularidad de su ciencia.

Diremos que, poniendo como ejemplo el estudio del Islam, hay maestros específicos para cada grupo de materias (fiqh, aquida, ‘ilm, números, gramática, etc). Por lo tanto ¿cómo no habría un maestro para la ciencia del Interior y el ‘ilm Laduni las dos ciencias del Ihsan, si ya el mismísimo sayyidina Musa lo tuvo en la persona del Jadir?

Antiguamente los sufís se reunían en las mezquitas, pero las persecuciones y las críticas por parte de algunos ‘ulama y/o gobernantes, les hicieron replegarse a las zawiyyas.

Es más, siempre los maestros sufíes han trabajado codo con codo con la población musulmana, siempre han amado, luchado, llorado y alegrado con ellos, haciendo bueno el dicho del Profeta – sobre él la plegaria y la paz - , que todos somos hermanos en el Din.

Nuestros maestros se han levantado antes que nadie, han limpiado los establos en las zawiyyas donde había animales, han cargado con sacos de leña y otras cosas, han cocinado para los fuqara, porque el estado del chayj es el perfecto maqam de ‘abd: servidor de Allah, y un siervo de Allah no puede enorgullecerse delante de nadie, ni hacerlo de sí mismo delante de Allah.

Aquel quien nos aconseja que debamos ser humildes debe ser el primero en serlo.

Lo exterior y lo interior se encuentran estrechamente ligados entre sí. De tal manera lo están que todos nuestros actos en el exterior tienen su reflejo en el interior y viceversa.

¿Cuál es el hilo conductor que liga entre sí dos mundos aparentemente inconexos debido a nuestro desconocimiento de uno de ellos? El hilo conductor es el Tawhid y la energía es la Luz.

Allah es la luz de los cielos y la tierra

Fijaos bien por favor en un pequeño detalle: cuando desarrollamos actividad durante el día estamos o creemos estar en el mundo del exterior. Sin embargo, cuando dormimos, el alma sale de nosotros y viaja por los siete cielos, trayéndonos a veces noticias de ellos mediante los sueños rabbani, criptados, pues deben tomar una imagen que el cerebro pueda aceptar. Una misma persona comparte los dos mundos simultáneamente. Son únicamente nuestras capacidades sensoriales las solas que nos impiden percibir las realidades ocultas durante el estado de vigilia.

La única cosa que impide a la persona el que caiga el velo de la limitación de las percepciones a las facultades sensoriales es la opacidad del corazón debido a la suciedad la cual se encuentra en nuestra nafs.

Resumiendo pues, la dicotomía esoterismo-exoterismo no existe en realidad. Simplemente se trata de diferentes niveles de comprensión de la verdad única y trascendente: El Tawhid.

Salam 

domingo, 15 de abril de 2012

El error perennialista de Guenon - La fantasía de la tradición primordial

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallimu taslima

La vida da una enormidad de vueltas. ¿Quién nos diría que después de haber entrado al Islam poco después de haber leído y  amado la obra de Réné Guénon, nos viéramos obligado a rebatir uno de sus más importantes errores?: el Perennialismo.

Pienso, que de alguna manera es más que útil el dejar en evidencia a un personaje quien, en el transcurso de su vida, tuvo algunos aciertos y muchos errores. Sabemos que terminó sus años como discípulo de un maestro sufí, pero no sabemos si este maestro lo era en verdad (creemos que no) o si Guénon terminó su vida convencido aún de sus erradas tesis procedentes del hinduismo; hecho este el cual nunca se molestó en desmentir.

Sea cual fuere su final, poco importa para aquello lo cual vamos a tratar en estas nuestras palabras, las cuales no pretenden ir en contra de nadie, pero sí al encuentro forntal de los errores producidos por las palabras del señor Guenon, las cuales han quedado grabados a sangre y fuego en algunos corazones anhelantes en pertenecer a una “élite intelectual superior”. Y para ello, aunque a algunos pueda molestar, nos vemos obligados a referirnos al personaje en cuestión.

A pesar del pretendido espíritu tradicional que era el suyo, encontramos dicha pretensión por el amor a lo tradicional contrastada  con  su gusto  por  lo raro y refinado; seguramente de ahí su instintiva atracción primaria por el hinduismo en un París cuna de todas las modas. Su formación como matemático, frustrada por una enfermedad, la cual no le permitió seguir los cursos en la universidad, queda reflejada en el exceso de fijación en sus escritos. Asi mismo su frustración por no poder estudiar en la universidad, la vemos reflejada en su obra bajo la designación: "La superstición universitaria". No podemos olvidar que las rentas de Guénon, de las cuales se ayudaba en su economía personal, procedían de unos viñedos y bodegas  heredados de su familia, familia de vinateros, en el departamento de Blois donde nació. Estas rentas, junto con el dinero ganado dando algunas clases, permitieron a Guenon el disponer  el tiempo necesario para escribir, así como para practicar la masonería, el hinduismo (del cual fue expulsado por revelar sus secretos) y el sufismo (verdadero o no, creemos con firmeza que no).

Si pudiéramos resumir el “perennialismo” guenoniano, seguido por Valsan, Schuon, Lings, Evola, Mitrai de Miterovich, Masignon, Ageli y alguno más, seguramente lo haríamos sin falta al pronunciar sus términos y conceptos más destacados:

Tradición, tradicional, Tradición Primordial o Hiperbórea, Elite intelectual, iniciación, realización, Oriente-Occidente.

No obstante, su tesis preferida, a la cual dedicó más palabras y la que le produjo más desvelos  es la de la Tradición Primordial, entendiendo por ésta una especie de superreligión de “elegidos”, la cual, siempre según él,  hubiera dado a luz, una a una, a todas las religiones conocidas. Dichas religiones, según Guénon, serían una expresión imperfecta de dicha tradición Primordial, siendo la menos imperfecta de todas y más acorde a la matriz la “religión hindú”. Réné Guenon no consideraba el Islam sino como una religión mediocre, la cual se debía tomar debido a la imposibilidad de nosotros, los "embrutecidos e ignorantes"  occidentales en seguir el hinduismo, el que según Guenon se encontraba por encima del Islam.

Era pues, según él, el Islam, una religión de usar y tirar, solamente válida para seguir la tradición primordial vinculándose al sufismo. He aquí el porqué muchas sectas seudosufies presentan esos tintes satánicos denunciados por muchos musulmanes.

Esta es la declaración de intenciones y la carta de presentación de los escritos guenonianos. Siguiendo sus razonamientos, la realización espiritual sería únicamente posible si la religión seguida era o no una expresión de la Tradición Primordial.

La Shari’a islámica, según el perennialismo guenoniano, no es sino una burda expresión, necesaria para la plebe pero insignificante para los elegidos. Que contraste con las palabras del profeta significando el salat como el colirio de sus ojos!. He aquí uno de los velos de Guenon: “El orgullo”. Dicho orgullo, el cual le sugirió siempre formar parte de la “élite de elegidos”, fue el hilo destructor de sus escritos en los cuales explicaba la iniciación y realización como estando presentes en mayor o menor proporción en todas las religiones, siempre, como no, dependiendo de su vinculación más o menos directa con la sacrosanta e inalcanzable Tradición Primordial.

Otro descubrimiento que hemos hecho recientemente es su desesperada defensa de la franc-masonería (judeo-masonería) en sus controversias con Monsieur Jouin, quien editaba una revista anti judeo-masónica titulada “La revista internacional de las Sociedades Secretas”. Curiosamente, estas controversias fueron suscitadas durante su estancia en el Cairo, lo cual nos da pie a pensar que el pretendido chayj de Guenon era cualquier cosa salvo un verdadero chayj.

Increíbles dichas controversias provenientes de alguien quien en sus escritos precedentes había denigrado la franc-masonería, nacida en los estertores del siglo XVIII. Probablemente sean ciertas las presunciones de algunos de su pertenencia a la  judeo-masonería hasta los últimos días de su vida. Nosotros no lo sabemos a ciencia cierta, pero si sabemos que las obras escritas a partir de 1934, fecha en la que se vinculó a un presunto chayj sufí, no demuestran un cambio de ideas en sus errores sobre la tradición primordial. Es más, lo más sorprendente es que en los últimos escritos de Guenon no existe arrepentimiento alguno con respecto a sus teorías precedentes. ¿Era pues Guenon un segundo Pablo de Tarso? Es verosímil esta posibilidad cuando contemplamos los horribles estragos que han causado sus teorías en el seudo-sufismo.

Mientras Rasul – sobre él la plegaria y la paz – nos conmina a considerar a los musulmanes como hermanos, sea cual fuere su condición o la fuerza o debilidad de su fe, para el perennialismo guenoniano se trata, salvo en el caso de los sufís, claro está, de plebe de baja casta intelectual, extraviados de la verdad.

Es curioso, que después de unos cuantos años de Islam algunos necesiten aún estas palabras para desembarazarse de este error. Sin embargo, después de haber comprendido lo necesario de esta exposición, a fin de hacer desaparecer de algunos espíritus el “tabú perennialista” y la “guenondependencia” nos hemos decidido escribir, rebatiendo esta engañosa tesis a la luz del  Qur’an y de la Sunna.

Y ahora hablemos de la fantasía de la Tradición Primordial.

Como hemos esbozado la Tradición Primordial Guenoniana es una religión superior nacida en los albores de la historia, en aquello lo cual la doctrina hindú de los ciclos cósmicos llama: La Edad de Oro de este Manvántara.

Según esa doctrina cada Manvántara consta de 60.000 años y cada ciclo de Manvántaras consta de catorce de estos, es decir 840.000 años. Al final de cada Manvantara la tierra es destruida y vuelta a resurgir de sus cenizas al principio del siguiente, con la ayuda, como no, de una élite intelectual de elegidos los cuales se ocuparán de hacer el trasvase (esto último más masón que hindú, por cierto), donde el club Guenon sin duda tendría un protagonismo de honor. Un ciclo indefinido en el cual nunca existe un fin temporal. Un amor exacerbado de la vida de este mundo, puesto en relive como trasfondo a una teoría de locos.

Cada Manvantara consta de cuatro edades: Oro, Plata, Bronce Y hierro. Ahora nos encontramos en la edad de hierro y después de la destrucción de la tierra, otra será creada en su lugar. En la edad de oro la espiritualidad se encontraba en su punto álgido y va perdiendo paulatinamente hasta que llegamos a la edad de hierro donde predomina la ignorancia, edad esta en la cual Guenon afirma que nos encontramos desde hace 10.000 años.

Aprovechando esta doctrina, Guenon asegura que la Tradición Primordial comienza y es perfecta en la Edad de oro,  pierde parte de su originalidad primaria en la edad de plata, se oscurece en la edad de bronce y queda proscrita y oculta en la edad de hierro, edad en la cual, siempre según el señor Guenon, predomina la oscuridad y la barbarie.

No nos extraña en absoluto la expulsión de Guenon del hinduismo por parte de su gurú, precisamente por haber revelado y hecho públicos los secretos bien guardados de dicha “religión”.

Conociendo las tesis, éstas se pueden rebatir, y fácilmente además, como lo vamos a hacer en unos instantes. Como dice un dicho popular español: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. El gurú de Guenon, viejo diablo avezado en mil batallas, sabía que su inocente discípulo no podía comprender el alcance auto destructor de sus secretos desvelados paseándose por muchas de las librerías de Occidente.

Y ahora vamos a ver como un solo hadiz qudsi es capaz de destruir de una sola vez la teoría hindú de los ciclos, así como la teoría Guenoniana de la Tradición Primordial.

Allah estaba Solo y nadie con El. Tomó un puñado de Luz de Si Mismo, lo hizo salir de Su Mano diciendo: “Sé Muhammad” (Kun Muhammadun). Con esa Luz fueron creados los cielos y la tierra y todo  cuanto  ambos  contienen.

Este hadiz destruye la teoría Guenoniana de la Tradición Primordial. ¿Cómo? Pues simplemente diciendo que Muhammad – sobre él la plegaria y la paz - es la luz de la cual han salido todos los Profetas, que esa luz tomó cuerpo hace casi 1500 años y que el mismo Muhammad se refirió a su generación y a las dos siguientes como las mejores generaciones que jamás hayan existido.

Así pues, no hay Tradición Primordial, ni edad de oro otra que el Islam, el cual ha sido revelado con la venida del Profeta. ¿Veis que simple?

El concepto guenoniano de élite, relevando de una presunta supremacía de las capacidades intelectuales, no hace sino seguir las desviaciones occidentales de estos tiempos, donde el ser humano pierde el valor de la bondad que encierra su corazón en detrimento de unas capacidades intelectuales frías y carentes de espíritu. No creo que Guenon hiciera muchos amigos del alma, aunque si aliados de intereses, como así fue.

Nunca en la obra de Guenon, y la leímos entera en su tiempo, hemos visto puestas en relieve las verdaderas capacidades iniciáticas del ser humano, es decir: sinceridad, bondad, misericordia, generosidad responsabilidad y sobre todo sumisión a la Voluntad de Allah. Antes bien, Guenon, como buen masón, ponía en relieve la capacidad intelectual la cual relevaba de una inteligencia superior y privilegiada.

Rasul dijo:

Todos los musulmanes son tan iguales como los dientes de un peine.

El libro de Allah dice:

El bien que tenéis proviene de Allah y el mal que tenéis procede de vosotros mismos.

Es así pues que desde el punto de vista islámico, los hombres han sido estructurados en grados y la pertenencia a los grados superiores no provienen de otra cosa que del favor de nuestro Señor, pues:

El bien que tenéis procede de Allah…

El primer hadiz qudsi citado, también desenmascara la teoría hindú de los ciclos, tendente sin duda a magnificar la existencia terrestre en lugar de reconocer su efímera existencia significada tantas veces en el Qur’an.

El libro de Allah y los hadices de Rasul nos describen nuestra existencia como efímera, a sayyidina Adam – sobre él la paz – y a su esposa Hawa, como nuestros primeros padres y a nuestra generación como una de las últimas.

Después del último toque de trompeta, como dice el hadiz, el género humano será reunido en el desierto del Hiyaz a fin de ser juzgado. Setenta mil de la Umma de Muhammad no serán juzgados y los mártires habrán precedentemente subido directamente al Paraiso.

Dos moradas únicamente después de la destrucción de la tierra por el fuego: el Yanna y el Yahannam. Dos moradas eternas para una humanidad reducida a la muerte. Ninguna continuidad para la humanidad en la creación otra que una de estas dos moradas.

Una sola pieza ha bastado para tirar por tierra la mentira, tal es la fuerza y el poder de la Verdad, la cual destruye la mentira cuando se revela, como si ésta fuera polvo y cenizas. Es así como el bastón de Muhammad derribó a un Hubal, quien sin duda llevaba alguna que otra centena de años residiendo en la Ka’aba.

Sin duda, les teorías hindúes, al tomar como base una civilización en la cual subsistía un brutal sistema de castas, en el que gran parte de la población era considerada como animales de carga, presentaban en sus postulados la marca de la insensibilidad humana.

Dicha insensibilidad queda recogida en los escritos de Ananda Kentich Coomaraswamy, quien con toda la frialdad y desfachatez del mundo llega a justificar los sacrificios humanos llevados a cabo por los shivaitas en su horrible obra titulada “El sacrificio de sí mismo”, la cual leímos hace más de veinte años.

No se sorprendan ustedes pues de la amistad que Guenon profesó a este individuo, después que desde el Cairo escribió en apoyo a la judeo franc-masonería, pues muy seguramente el señor Guenon, nunca dejó de ser un masón en realidad.

Seguiremos algún día denunciando los errores perennialistas y entonces hablando de lo incorrecto de los términos guenonianos “iniciación” y “realización” demostrando, como sufí que somos, que esos términos no constituyen sino un pobre e inexacto postulado masónico.

Y, cómo no, el error de la dicotomía Oriente-Occidente, el vórtice que representaba la realización en “Los múltiples estados del ser”

Pero al tiempo… tenemos cosas más importantes de las cuales ocuparnos.

Pensamos que esto basta como comienzo a fin de desenmascarar una doctrina falsa la cual en muchos de sus postulados presenta tintes de lo que será en un futuro próximo “la religión dayyálica”

Salam