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martes, 24 de julio de 2012

Historia de Malik Dinar


Bismi-l-Lâhi-r-Râhmani-r-Rahîm

Wa-s-salatu wa-s-salamu sobre la corona de los Profetas: sayyidina Muhammad

Malik Dinar nació en el año 137 de la Hégira:

Fue discípulo de Hasan al-Basri (el príncipe de la comunidad de los sufis)

He aquí una corta biografía traducida del francés del libro de Faridu-d-din Attar titulado “El memorial de los santos”:



Ese príncipe de los hombres de élite, ese espíritu sutil en el dominio de la ciencia, ese viajero de los caminos de la verdad; él quien parecía tener alas para volar en la región del amor, ese Malik Dinâr, que la misericordia de Allâh sea sobre él. Su padre era esclavo de un señor. Pero él, aunque hijo de un esclavo, era un hombre libre en los dos mundos.

Dinâr era el sobrenombre de su padre. Según otro relato, he aquí lo que sucedió. Un día Malik Dinâr habiendo entrado en una embarcación; esta salió al río. Una vez en pleno río, el patrón del barco pidió a Malik Dinâr dinero para pagar su pasaje. Como él respondió que no tenía dinero alguno con él, el patrón le golpeó tan fuerte que perdió el conocimiento.

Una vez vuelto en sí, se le volvió a pedir dinero. Habiendo recibido aún la misma respuesta de su parte, recomenzaron a golpearle, tan rudamente como antes, tres veces más. Después se le dijo: “Si no nos pagas te echaremos al agua”. En ese momento, bajo la orden del Altísimo, numerosos peces sacaron la cabeza del agua, sosteniendo cada uno con sus dientes un dinar. Malik, alargando la mano, tomó de la boca de uno de ellos una pieza la cual dio al patrón. Viendo esto, los marineros llenos de estupor, besaron todos las manos y los pies de Malik, a quien pidieron perdón. En cuanto a él, saliendo del barco, se fue corriendo sobre la superficie de las aguas del río, como si hubiera estado caminando sobre la tierra firme, y desapareció. He aquí pues porque se le llamó Malik Dinâr.

He aquí lo que le impactó y le movió a hacer penitencia. Habiéndose dirigido a Damasco, se dirigió a la mezquita que había hecho construir Muawiyya y se sentó allí. Esta mezquita poseía muchos bienes habuz (de la comunidad), y Malik concibió el deseo de que le fuera confiada su sur intendencia a fin de convertirse en el administrador. Fue con este fin que, durante un año, se dedicó a los ejercicios religiosos en esta mezquita. Un día se dijo: “He aquí pues que desde un año me dedico a devociones mentirosas e hipócritas”.

Una noche, como él llevaba una vida dichosa con sus amigos en un lugar retirado, estos se acostaron y durmieron. En cuanto a él, se encontraba tendido en tierra, bien despierto. De repente se dejó oír una voz: “Oh Malik, ¿qué te ocurre para que no hagas penitencia?”. Malik, escuchando esta voz, fue golpeado de estupor. Después se levantó, hizo sus purificaciones y se dirigió a la mezquita. Allí, él se dijo: « He aquí que desde un año yo hacía la plegaria como un hipócrita; a partir de ahora voy a adorar a Allâh en toda sinceridad”. Y desde está noche misma se dedicó a las santas prácticas con un corazón puro. La mañana siguiente, cuando se levantaba la aurora, todas las gentes de los alrededores se reunieron en la mezquita, y después de haberlo inspeccionado con esmero, exclamaron: “Hace falta un administrador en esta mezquita para conservarla y ocuparse de ella”. Y todos fueron de la opinión de encargar dichas funciones a Malik.

Entonces ellos le dijeron: “Encárgate de la administración de esta mezquita ». Escuchando esta proposición, Malik exclamó en un en su interior: « Señor mío, mientras que yo te ofrecía homenajes hipócritas, durante todo un año, nadie me ha preguntado quien era yo. Por una sola noche que Te he adorado con un corazón puro, he aquí que hoy Tu me traes todas esas personas quienes quieren hacerme llevar esta carga; pero yo juro por Tu Unidad que no aceptaré una tarea semejante.”. Y, levantándose de repente, salió de la mezquita. Después, habiendo ido hacia un lugar separado, se aplicó con toda la sinceridad de su corazón a servir al Señor Altísimo, sometiéndose de buena voluntad a las austeridades y a combatir sus pasiones.

Se cuenta que había en Basora un hombre rico, poseedor de mucho dinero y ganado. Cuando este rico murió, dejó una hija bellísima. Esta fue a buscar a Tsabit Bennani, el personaje más influyente de la ciudad y le dijo: “Deseo ser la esposa de Malik Dinar.” Tsabit Bennani repitió estas palabras a Malik, quien le respondió: « He repudiado por tres veces este bajo mundo. Ahora bien, una mujer forma parte de los bienes de este bajo mundo, y no me está permitido el retomar a una mujer a la cual he repudiado tres veces. »

Se cuenta que un día en el cual Malik, acostado bajo la sombra de un muro, se había dormido; una serpiente, teniendo entre los dientes un narciso, se ocupaba en abanicarle.

Durante muchos años Malik Dinar tuvo el deseo de ir a la guerra santa, y  él decía a propósito de ello: « Cuando al fin pude ir, el mismo día de la batalla, fui tomado por un violento acceso de fiebre, tan fuerte que no pude asistir. Me quedé acostado y me decía: « Si yo contara en algo para el Señor Altísimo, no me encontraría hoy convaleciente por causa de esta fiebre”. Habiéndome dormido mientras hacía estas consideraciones, oí una voz que me decía en sueños: « Malik, si tu hubieras entrado hoy en batalla, hubieras sido derribado y hecho prisionero; una vez prisionero, te hubieran hecho comer la carne de cerdo y te hubieran convertido con ello en un infiel. Esta fiebre ha sido pues un gran beneficio para tí de la parte del Altísimo. Me desperté después de este sueño y realicé muchas acciones de gracias al Señor.”

Se cuenta que un infiel, disputando con Malik, le decía: « Mi religión es superior a la tuya”. – “Ven pues, le respondió Malik, pongamos los dos las manos en el fuego. Aquel de nosotros cuya religión sea la verdadera, sus manos no se quemarán.” Habiendo atado el infiel y Malik sus manos una con la del otro, la aplicaron ambos sobre el fuego, sin que ninguno de ellos sufriera quemadura alguna. Malik se quedó todo preocupado, temiendo que los simples sacarán la conclusión que la religión del uno y del otro eran buenas.


“Lleno de inquietud, contaba Malik, me retiré a mi casa, donde lloré abundantemente, dirigiendo a Allâh ardientes plegarias. ¡Dios mío, exclamaba, me has puesto a la misma altura que a un adorador del fuego! Como yo hablaba así, oí una voz que me decía: “Malik tu mano ha protegido la del infiel. Si él hubiera metido el solo la mano en el fuego, ya verás lo que le hubiera ocurrido”. “Durante un cierto tiempo, continua Malik, estuve gravemente enfermo. Cuando me sentí mejor, me dirigí al bazar. De repente, vi al alcalde de la ciudad quien la atravesaba, seguido por sus hujieres, los cuales exclamaban: “¡Atrás!” y golpeaban a la muchedumbre. A causa de mi estado enfermizo, no me pude alejar a tiempo y un hombre, aproximándose a mí, me golpeó con un látigo. De mi lengua se escapó la siguiente imprecación: ¡Que Allâh te corte la mano! Al día siguiente vi al mismo hombre con la mano cortada, extendido en el interior del bazar. A la vista de este espectáculo tuve un remordimiento y me prometí no maldecir a nadie nunca más ».

Un joven de modales brutales, era vecino de Malik, quien sufría día tras día las consecuencias de su maldad, pero que esperaba pacientemente que algún otro se quejara a él en su nombre. Un día un grupo de gentes vinieron a él a darle sus quejas a causa de éste. Malik fue a buscar a este joven para darle las quejas de todos; pero era un altanero, arrogante, y le respondió: « Yo soy uno de los familiares del sultán. Así que te denunciaré al sultán, dijo Malik. « Bah, dijo el joven, aunque me denunciaras cien veces, el sultán no me dirá nada porque está muy contento con mis servicios”. “Entonces, prosiguió Malik, si no hablamos al sultán, es al Misericordioso que me voy a dirigir.” « La generosidad del Misericordioso es grande, replicó el joven; no será por tan poca cosa que El me castigará”. “No encontré respuesta a esto y me retiré a mi casa. Unos días después, la insolencia de este joven se había vuelto más grade aún, un gran grupo de gentes vinieron a mí de nuevo para quejarse de él. “Eh bien, les dije, voy a darle una lección”. Cuando estaba de camino, oí una voz que decía: “Malik, no vayas a empeñarte contra nuestro amigo”. Oyendo esta voz, fui golpeado de estupor. En cuanto el joven me vio, dijo: “Eh Malik ¿Qué te trae de nuevo por aquí?”. “Te traigo una buena noticia, le respondí; y yo le hablé de la voz que había oído durante el camino. A esto el joven exclamó: “Puesto que ello es así, voy a dispensar en Su servicio todo cuanto poseo. Tal será Su deseo, tales serán mis actos. Ahora bien, El desea sobre todo las buenas obras y es con ellas con las cuales Le voy a rendir homenaje; prometo en mi arrepentimiento, que nunca más cometeré una mala acción”. Y así dicho, el consagró su vida enteramente al servicio de Allâh, así como lo que poseía en dinero y bienes. Después, saliendo de la ciudad, se dirigió al desierto, y nadie más le vio.

Mucho tiempo después, contaba Malik este joven se quedó tan delgado como un siwak. ¿Qué es lo que haces? – le dije - . Y él me respondió: “El había dicho, hablando de mí, él es nuestro amigo; y bien Malik, yo voy con mi Amigo”; y después de haber dicho una vez ¡Allâh! Rindió el alma”

domingo, 22 de julio de 2012

Mapa español de las alteraciones islámicas


A-s-salamu ‘alaykum:

Probablemente esta pequeña entrada no sea de un elevado interés, pero estoy seguro que algunos de vosotros le veréis el sentido, o a lo mejor, puede que vuestra manera de percibir el fenómeno sea diferente a la mía y con vuestra ayuda pueda recapacitar más profundamente sobre el sujeto.

El caso es que siempre me ha parecido percibir, y creo que no voy muy desencaminado, que las principales alteraciones del Islam producidas desde la época en la cual comenzaron con el wahabismo, se distribuyen por nuestra geografía siguiendo las características de los caracteres regionales. Con la palabra alteración de la doctrina islámica nos estamos refiriendo a:

Wahabismo-salafismo

Seudo-sufismo

Perennialismo

Existen más tendencias además de esta, pero fundamentalmente las podríamos englobar en una de las tres.

En ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia de corte modernista y pro europeas podemos encontrar un poco de todo; aunque curiosamente podemos contemplar que Cataluña es más proclive a las propuestas wahabís, representantes del racionalismo revisionista europeo exportado al Islam. No por ello faltan seudo sufies o revisionistas de la Sunna, y perennialistas o arrogantes espirituales, deseosos de pertenecer a una élite, producto del orgullo nacido en las zonas de economía próspera, donde se mira por encima del hombro a los necesitados; estos polos aparentemente opuestos, coinciden sin embargo con el otro polo racionalista revisionista, aparentemente opuesto al anterior, con el cual tienen en común el racionalismo europeo.

Si recorremos el Norte, encontraremos un País Vasco proclive a las doctrinas restrictivas y duras y una Asturias dada al Islam político.

No podemos pensar que de Galicia salgan muchos modernistas, y sí wahabí-salafis de pro, con muy raras excepciones.

Pero si bajamos a Andalucía, las desviaciones se muestran en la falta de principios y el todo vale. Sé que algún amigo andaluz se me puede molestar a raíz de este comentario, pero antes de estallar en indignación debe pensar que solamente me estoy refiriendo a la tipología de las desviaciones en el Islam y no a los musulmanes serios que existen por todas partes, afortunadamente.

Siguiendo con Andalucía y Murcia, encontramos como tipología de desviación el islam folklórico de todo vale de “toda la humanidad está en el buen camino y Allâh es infinitamente perdonador.

Encontraremos además, un poco más acentuado probablemente que en otras regiones, el culto a la persona, es decir, el culto a los falsos guías o falsos shuyuj. No vamos a nombrar a ningún grupo pues estoy seguro que cada uno os haréis una imagen fiel de este comentario con algunos grupos aferrados con los dientes a sus líderes, eso sí, no-andaluces.

Esto proviene del sometimiento al cual ha debido de padecer el pueblo andaluz, el cual durante muchos siglos ha soportado y sigue soportando al señor feudal, quien posee las tierras, y por lo tanto el poder.

Y aquí doy por concluida esta corta exposición, esperando se contestado, corregido o puntualizado con cuantos comentarios queráis

Salam

jueves, 5 de julio de 2012

Sidi Muhammad - el maydub de Mostaganem


A-s-salamu 'alaykum:

Viaje a Argelia en 1984:

Partimos cuatro hermanos fuqara' 'alawi a visitar al entonces nuestro chayj (sidi Abderrahman Bedran de Tlemcem) - fallecido el día del Mawlid del año siguiente (25 Noviembre 1985).

Después de quedarnos 2 o tres días en Tlemcem, durmiendo en la zawiyya, conviviendo en el mismo espacio con nuestros hermanos los dyins que la guardaban, quienes hacían la ablución y el salat 10 o 15 minutos antes que nosotros, nuestro chayj nos propuso ir a la tumba del chayj al-Alawi y su sucesor sidi Uddah Ibn Tunas.

Llegamos, pero previamente habíamos sido advertidos de la presencia de sidi Muhammad (un maydub de 90 años).

Sidi Muhammad era contrario y no seguía ni al "chayj" Mehdi (hijo de sidi Uddah) ni a su hijo Jalid.

El chayj de sidi el Mehdi, llamado Abdessalam Talidi, cumplió a satisfacción la petición de sidi Uddah de educar a su hijo. Sin embargo, la mayoría de los fuqara, a la muerte de sidi Uddah escogieron por votación a El-Mehdi, sin importarles que sidi Abdessalam fuera el verdadero chayj, no siendo la votación un medio ni válido ni eficaz para elegir a un chayj.

Abdussalam Talidi, según algunas fuentes nunca desmentidas y ajenas a nosotros, amenazado de……. por algunos "fuqara", debido a la potencial amenaza que ellos pensaban representaba para la supremacía de su nuevo chayj, huyó a Marruecos y se estableció en Tetuán.

Nueve fueron sus discípulos:

Sidi Yridi y sus dos hijos.

La señora Jadiya (hija de un ministro francés) convertida al Islam en tiempos de sidi Uddah (durante la dominación francesa) y ofrecida en matrimonio a sidi Ibn ‘Isa (un albañil de Mostaganem).

Sidi Abderrahman Bedran (moqaddem de Tlemcem y discípulo en origen de sidi Uddah).

Sidi Muhammad Arywuan, quien terminó sus años siendo Imam de una mezquita de Qenitra. Un noble wali y gran amigo de sidi Abderrahman Bedran.

Sidi Muhammad al maydub: quien teniendo la ma’rifa de un maydub, quedó siendo discípulo suyo, aún viviendo en Mostaganem y entrando y saliendo en la zawiyya como quería.

Sidi Salah Badr: Mi actual chayj y amigo de sidi Abderrahman Bedran y sidi Muhammad Arywuan. Sigue en vida y es que él a quien su chayj sidi Abdussalam Ta’lidi designó como sucesor.

Pero hoy vamos a hablar con este episodio ocurrido en Mostaganem. Entramos a la zawiyya y saludamos al hermano menor del fallecido el Mehdi (hijo de sidi Uddah). Nos preguntó sobre nuestro viaje, y, con un poco de acidez, preguntó la causa de la ausencia de sidi Abderrahman, quien no había querido venir. Le dimos una disculpa sabiendo que él sabía el porqué de la ausencia.

 Quiero hacer notar, que a pesar de la frialdad del encuentro, una hermandad ‘alawi se imponía a la antipatía la cual sentían hacia nosotros por no seguir a su chayj. Aún a pesar de que éste (Jalid Ibn Tunas) nos había dicho por activa y pasiva que él no era un chayj, que le habían obligado a ello. Y aún lo sigue diciendo.

Bien, después de estos dos incisos, continúo con el relato. Después de haber gustado la famosamente frugal comida servida en la zawiyya, nos dirigimos a visitar las tumbas del chayj al-Alawi y de su sucesor, sidi Uddah Ibn Tunas.

 Sus tumbas se encontraban colocadas la una junto a la otra, quedando las construcciones de madera colocadas sobre ellas, de manera perpendicular la una respecto a la de la otra. Pronto nos encontramos solos: una hilera de pequeñas ventanas protegidas por rejas para que no escalaran los gatos, daba luz a la sala; esta era perpendicular, en forma de pasillo desembocando en una especie de hall cuadrado en el cual se encontraban las tumbas. Una sola puerta servía, tanto para entrar como para abandonar el lugar.

Rezamos la surat al Waqi’a y algunos versículos más del Qur’an, y posteriormente hicimos du’a.

He de decir que durante ese tiempo podíamos ver el pasillo de acceso nítidamente. Terminamos la du’a y nos pusimos a contemplar el lugar. De repente, sin que la puerta se abriera, sidi Muhammad se encontraba allí. Nos quedamos estupefactos.

 Nada de saludo formal. Nos besó a todos en el corazón. Salimos de la sala y nos reunimos con él y el hijo de sidi Uddah, quien puso una cara de contrariedad, cuando sidi Muhammad dijo:

“He venido aquí porque mi corazón os ha sentido llegar; además porque no sois como estos, señalando al hijo de sidi Uddah y a quienes se encontraban con él”.

 A cada uno le decía cosas sorprendentes. Todo el mundo rió cuando señalándome me dijo: “Tu eres el mejor de tu familia”. Claro decíamos todos,  pues yo era el único musulmán de ella”.

 En una ocasión sidi Abdussalam Ta’lidi (el chayj de mi chayj) sintió la necesidad de ir a Makka. No fue con ningún faqir y pronto se comenzó a sentir solo. En esto, sidi Muhammad se le presentó en Egipto, a su manera, sin saber cómo había llegado, diciendo: “Ya chayj diali (mi chayj) he sentido que estabas solo y he venido a hacerte compañía”.

 No conocí a sidi Abdussalam, el murió al mes y medio de mi shahada en 1979; pero sus libros y efectos personales se los dio a mi chayj y este me los ha confiado.

¿Cuáles son sus efectos?: Los de un viajero: Unos cuantos libros, su tasbih y alguna prenda. Eso es lo que dejó sidi Abdussalam: vino sin nada a la Dunya y solo ciencia dejó.

 Que Allâh esté satisfecho de sidi Muhammad al maydud y de sidi Abdussalam Ta’lidi.

Salam

domingo, 24 de junio de 2012

Yalal-Yamal (majestad-belleza) - Reconciliación de antagónicos


Bismi-l-Lâhi-r-Rahmâni-r-Rahîm

Y la plegaria y la paz sobre la corona de los enviados, nuestro señor Muhammad, el mejor de la humanidad, su pura familia y nobles compañeros.

No es un descubrimiento el decir que este mundo sensible es la morada de los contrarios. Levantemos la mirada y contemplemos como cada acto de nuestra vida se encuentra limitado por valoraciones antagónicas, irreconciliables en la mayoría de los casos:

Placer-dolor, alegría-tristeza, bien-mal, amor-desdén, riqueza-pobreza, verdad-mentira, creencia-increencia, vida-muerte, halal-haram y muchos etcéteras más.

Mención especial estamos obligados a hacer a aquellos antagónicos reconciliables, pues ellos nos dan las claves de la existencia de una unidad englobante de toda oposición. Todas las dualidades, exceptuados “verdad-mentira” (pues la mentira es evanescente) o bien-mal (siendo esta última una consecuencia directa de la anterior), son conciliables cuando llegamos a la fuente de la cual han emanado. Nuestra especial mención es para tres de ellas, las cuales, como tres estandartes luminosos en un mundo de oscuridad, nos mostrarán el camino de la resolución de nuestra visión dual de las cosas: “vida-muerte”, masculino-femenino, belleza-rigor (Yamal-Yalal), siendo a esta última a la cual vamos a dedicar nuestro análisis de hoy.

Si la vida y la muerte son conciliables en virtud de las palabras del Qur’an donde el Libro sagrado nos explica que Allâh hace salir la muerte de la vida y ésta de aquella, no menos conciliables son masculino-femenino, fuente de la continuidad de la creación y base del amor. Sin embargo, la dicotomía belleza-rigor, aparentemente irreductible, lo es, siempre y cuando ascendamos por los estados espirituales hasta el punto de llegar a conciliar sus términos dentro de nosotros mismos.

Pero: ¿qué es esto de belleza-rigor? ¿Por qué no belleza-fealdad? La belleza de la cual hablamos aquí, no puede ser contrapuesta a fealdad pues estamos hablando del sentido más general del término belleza y no del específico referido a la percepción sensorial. Belleza pues, es sinónimo de bienestar, alegría, placer, comodidad y otros, considerados mediante consenso como aspectos positivos de la realidad sensible y psíquica; siendo rigor lo contrario.

La dicotomía en cuestión puede ser aplicada a tres colectivos distintos: Los increyentes y/o idólatras, el común de los creyentes y la élite de los creyentes. Son estos en realidad los tres colectivos más reales que pudieran existir, ya que se corresponden completamente con los tres grupos definidos en la surat al Waqi’a: los compañeros de la derecha (ashabu-l-yamin), los compañeros de la izquierda (ashabu-s-shimal) y los aproximados (muqarrabun).

Para los increyentes la belleza-rigor (la cual a partir de ahora llamaremos Yamal-Yalal) se manifiesta en el placer y la contrariedad. Para ellos disponer de una buena salud, dinero y amor fácil es el resumen del Yamal; así como el estar enfermos, el ser pobres y esforzarse para vivir es el extremo del Yalal.

Para los creyentes ordinarios, Yamal no solamente significa bienestar, salud y dinero, sino que además podemos enumerar el tener una familia feliz, un buen o una buena esposo/a y el encontrar la dulzura de la fe del Islam en su corazón; mientras que tomarán por Yalal: la enfermedad, los problemas económicos, la desgracia en el matrimonio o en la familia o las faltas las cuales nos separa de la religión de Allâh y entristecen el corazón.

Pero ¿qué hay de todo esto para aquellos quienes se quieren acercar a Allâh por la vía del Ihsan y desean alcanzar un maqam de proximidad y amor a Allâh (subhanahu wa ta’ala)? Amigos: en este caso no se puede medir con la misma vara.

Efectivamente, nos encontramos frente a un universo totalmente diferente de todo lo demás. El Yalal toma un protagonismo inesperado en la vía del tassawuf. No olvidemos que el Ihsan no es nada más ni nada menos que el “Yihad al-Kabir” (la Guerra santa Mayor) de la cual Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – hace mención en el hadiz: la guerra contra nuestras pasiones, arraigadas en nuestra alma como el bebé se encuentra arraigado al vientre materno del cual se nutre.

Si queremos avanzar en la vía del conocimiento, debemos saber primeramente, como para alcanzar este, debemos someternos efectivamente a la Voluntad de Allâh. Dicho sometimiento, aunque se encuentre englobado en él las obligaciones y prohibiciones de la Ley revelada, debe ser total y no limitarse solamente a las indicaciones colectivas. Es un sometimiento individualizado, a medida de nuestra nafs. Debemos decir que a fin de garantizar dicha sumisión total, preludio de la suma extinción, tenemos necesidad de recibir el Yalal.

 Pero antes debemos realizar la siguiente observación: No está permitido a un chayj el causar mal o desagrado a un murid. El trabajo del chayj se debe limitar a guiar al discípulo, aconsejándole en todo momento, sin entrar a colaborar en el desenlace del juego de fuerzas las cuales se manifiestan en el interior del murid. Ahora bien, como dicho chayj ya ha pasado por situaciones semejantes, provisto que Allâh le muestra el estado de su murid en todo momento, es por ello que puede realizar su función con una competencia total, haciendo verdad el hadiz siguiente:

La religión es el buen consejo

Ni que decir tiene que dicho consejo debe respetar los límites de la Ley religiosa, pues si no nos encontraríamos, no ante un chayj, sino ante un impostor (recordemos que Allâh lo puede perdonar todo salvo la mentira). Sin embargo, su consejo puede venir, como seguramente viene, de más arriba de los siete cielos.

Salvada esta cuestión, entonces no nos queda sino Allâh para imponer el Yalal (rigor). Efectivamente; provisto que ninguna criatura tiene derecho a imponernos el rigor, es Allâh quien lo hace directamente. ¿Cómo?: A través de todo aquello lo cual desagrada y repugna a nuestro nafs. El Yalal se manifiesta en forma de: problemas reales, miedos, disgustos, pérdida de salud, problemas financieros, problemas familiares, pérdidas y/o contrariedades de todo tipo y muchas más cosas. No existe un catálogo del Yalal pues cada alma es distinta y cada una de ellas tiene sus puntos débiles; allá donde un alma es sometida otra se muestra rebelde y viceversa.

No obstante, los muchos momentos de Yalal se ven compensados con nubes del Yamal las cuales llegan a compensar el rigor sufrido y a acariciar el alma del murid a fin de que Allâh le muestre un preludio de Su complacencia y misericordia. Y aunque estos momentos son pocos, son suficientes para hacernos comprender que el sol ardiente del Yalal no puede llegar nunca a quemarnos del todo, puesto que su finalidad es educarnos y hacer de nosotros siervos sometidos. Por eso, y a pesar de todos los miedos de verse colocado frente a un abismo desconocido y profundo y caer en él para nunca más volver, Allâh nos muestra su Yamal para compensar. No en vano dijo al chayj al-Alawi en una qasida a sus discípulos destacados:

Antum fi amani-l-Lâh (vosotros estáis en la seguridad de Allâh); y también esto otro:

Antum mulukul-l’ard min hayzu qurbihi (Vosotros sois los soberanos de la tierra en tanto os encontréis en la presencia de Allâh)

Sí: tenía razón el chayj: ¿Qué mejor soberano que aquél quien ha hecho del Yalal de Allâh su vestido y del Yamal su ornamento?

Efectivamente, el murid se va acostumbrando al Yalal pues ve en él la prueba de la proximidad y el amor de su Señor. El Yalal nos ha educado, nos ha formado, cual soldados victoriosos capaces de presentarnos ante la puerta del palacio del Malik. Sin duda, el Malik (Allâh) nos recibirá con la mayor de las complacencias, cuando vea nuestros exquisitos modales fruto de una noble y sabia educación.

Nuestros vestidos estarán puros como la nieve, nuestros adornos serán los convenientes para la ocasión, pues ella lo merece.

Nos encontraremos pues ante aquella Presencia única donde Yalal y Yamal son uno, reconciliados en nuestro corazón desde el día en el cual el alma claudicó.

Salam






viernes, 22 de junio de 2012

La visita a las tumbas de los 'awliyya


Extracto del libro al-Alawi “Palabra certera para quien critica el sufismo” donde demuestra la legitimidad de visitar las tumbas de los ‘awliyya.

Empieza aquí:

Continúas de esta guisa, y después señalas un conjunto de innovaciones de las cuales es conveniente preservarse, y sobre este tema, tanto el ciego como el hombre clarividente, no pueden hacer otra cosa que concederte la razón. Queda claro, no obstante, que este pasaje no sirve sino como preludio a fin de introducir los ataques que le siguen, donde te cebas cuanto puedes sobre las tumbas de los Justos y sobre aquellos quienes las visitan. En efecto, si hubieras buscado realmente denunciar todas estas innovaciones, habrías abordado cada una de ellas en detalle, pero en realidad es este asunto de las visitas a la tumbas el único que te interesa. Y si realmente desearas prevenir del riesgo de asimilación a los infieles, consagrarías entonces un capítulo a ponernos en guardia contra las costumbres extranjeras, que tanto nuestros hijos como nuestras esposas han adoptado, a fin de que las tradiciones islámicas y los caracteres árabes pudieran mantenerse entre nosotros.

Al contrario, en lugar de esto, te dedicas a sacar temas que no sirven sino a sembrar la discordia. ¿Te das cuenta de lo que haces? Citas a Sidi ‘Ali al-Ayuri quien dice a propósito de la veneración de las tumbas: «Si él (el Profeta) viviera en nuestra época, diría que se las adora, olvidando el “no se está lejos de”, pues tanto sus palabras como sus actos son elocuentes al respecto.» ¡Por Allah, es increíble! ¿Cuándo pues la comunidad musulmana ha apostatado para terminar adorando las tumbas? Hubieras debido ceñirte a las palabras de al-Ayuri, proveyéndote así de una puerta de salida, tanto como a los musulmanes. Y si fuera necesario verdaderamente lanzar una tal acusación, - ¡que Allah no lo quiera! - , hubiera valido más explicarse por alusión. Pero, ¡qué audacia! Por Allah, el creyente no puede atreverse a sospechar de apostasía a quien fuere, y menos aún juzgar y declarar apóstatas a gentes quienes forman parte de los mejores siervos de Allah. En efecto, todas las gentes de la Tradición veneran a los justos de la comunidad, se benefician de la baraka inherente a sus tumbas, recurriendo a ellos en las situaciones importantes: siendo su objetivo en todo esto únicamente el de beneficiarse de su intercesión junto a Allah – exaltado sea.

A pesar de la claridad de tus afirmaciones, temías probablemente de que aún subsistiera una duda de ambigüedad en tus afirmaciones, y que por lo tanto no se comprendiera completamente por ellas que las gentes de esta época son apóstatas adoradores de tumbas. Insistes pues, a fin de garantizar a tu lector una perfecta comprensión en este punto: «Se encuentra en el Sahih un hadiz transmitido por ‘Aisha – que Allah esté satisfecho de ella -, según el cual Umm Habiba y Umm Salama – que Allah esté satisfecho de ellas – hablaron al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – de una iglesia la cual ellas habían visto en Etiopía, dentro de la cual se encontraban representaciones (imágenes); este último dijo entonces: “Estas gentes, cuando muere uno de sus hombres piadosos, construyen sobre su tumba un lugar de prosternación (masyid) y construyen imágenes de las cuales se sirven: ellos serán los peores de los hombres a los ojos de Allah el día de la Resurrección”. Las gentes de nuestra época les han seguido en esto y ellos son los peores de los hombres y aún más, de los seres vivientes. »

¡Gracias te sean dadas, de parte de la comunidad de Ahmad! Y ¡que Allah te retribuya con lo que te convenga! Por Allah, al Enviado no le gustaría escuchar que los miembros de su comunidad son los peores de los hombres y de los seres vivientes. ¡No te ha bastado con denigrar sus prácticas e invalidar sus creencias! Has llegado a colocarlos en el grado más bajo del infierno, comparándoles a los adoradores de ídolos; provisto que el legislador dice de estos últimos, que son los peores de los hombres, mientras que tú, afirmas de tus correligionarios que son los peores de los hombres y de los seres vivientes. Por otra parte, aún si estuviéramos de acuerdo en que hubiera gentes comunes quienes pudieran asemejarse a aquellos a quienes se menciona en el hadiz, ¿cómo se puede afirmar que se encuentren al mismo nivel? Para terminar, si el juicio del legislador en referencia a estos últimos es que son los peores de los hombres, de ello no se deduce que aquellos quienes se les asemejan sean igualmente “los peores de los hombres”, y aún menos “de los seres vivientes”.[1]

¿No comprendes que el Profeta  -sobre él la plegaria y la paz – ha hablado de esta manera a fin de poner en guardia a su comunidad? “Es así como Allah infunde temor a Sus siervos”[2]. Pues en realidad, él estaba convencido de la firme certeza de su comunidad (en la adoración de un Dios único) y del hecho de que ésta no sería alterada. Según Ibn Umar – que Allah esté satisfecho de su padre y de él - , el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Ninguna comunidad ha recibido una certeza tan grande como la mía”[3]. Según el mismo transmisor, él dijo igualmente: “En toda comunidad, una parte de gentes se encuentran en el paraíso y otra en el infierno, excepto la mía, la cual, toda entera, irá al paraíso.” Estos dos hadices del Profeta figuran en el Yami’a-s-saguir.

Ante el testimonio que él mismo ha dado sobre la certeza de su comunidad, ¿qué puede pues valer el tuyo? ¿Consideras que el hecho de venerar a los Justos pueda poner en tela de juicio esta su declaración en tanto y en cuanto se les venera por Allah? Es cierto que algunos han exagerado, pero nunca hasta el punto de llegar a mostrar la actitud que tú les otorgas. Hubiera sido de más valor el disponerte a exhortar a las gentes y llamarlas a Allah, pues este método brutal no sirve sino para dar testimonio de las muy malas convicciones de su autor. ¿No has escuchado Su Palabra – exaltado sea -: “Llama a los hombres a la vía de tu Señor por la sabiduría y una bella exhortación”? Es de suponer de que sigas en esto a la corriente wahabita, la cual pretende que las visitas de las tumbas se encuentran totalmente prohibidas; te hubiera faltado entonces el adoptar un método más sutil para que esta convicción se extendiera entre nuestros compatriotas, y lograra neutralizar su natural reacción de rechazo por ella. Dicho esto, la comunidad se encuentra muy lejos de poder tragar una doctrina tan amarga de una sola vez.

Retomas de la siguiente manera: «Retornemos ahora al asunto de la visita a las tumbas. Tratándose de una mujer, todo el mundo está de acuerdo en decir que las visitas a las tumbas están prohibidas – los libros de jurisprudencia lo muestran claramente. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Allah maldice a aquellas quienes visitan las tumbas, así como a aquellos quienes  hacen de ellas lugares de prosternación (masayid).” En cuanto al hombre, si sus convicciones religiosas son firmes y conformes a la fe musulmana; que esté completamente cierto que Allah solo da y priva, y El solo –exaltado sea – puede ser útil a Sus siervos o dañarlos; que nada que se encuentre en el lugar de la visita convierta a ésta en ilícita – es el caso cuando las mujeres se encuentran presentes o cuando se encuentran alfombras, o banderolas de seda, recipientes de plata o imágenes -; entonces la visita es autorizada. Si una de las condiciones no se cumple, entonces no es lícita. En todo caso, privarse de ella es más prudente, cuenta habida de la debilidad de la fe en nuestra época, y que cuando un hombre desee pedir algo a Allah – exaltado sea -, puede hacerlo en cualquier momento: solamente cuentan su intención y su manera de manifestar su calidad de siervo de Allah.»

Considerando este pasaje sobre las reglas aferentes a las visitas de las tumbas, yo diría que tienes razón en parte, aunque cometes un error monumental del cual tendrás “noticias en poco tiempo”[4].

Tienes ciertamente razón cuando afirmas que la visita es autorizada cuando nada se opone desde el punto de vista de la Ley. Ahí donde te equivocas, es cuando mencionas explícitamente como causa de prohibición las alfombras y las banderolas de seda, así como los recipientes de plata, pues esto resulta en suma en prohibir la visita a una tumba donde pudieran encontrarse dichos objetos. Si tus propuestas debieran ser tomadas en cuenta, las visitas a la Casa de Allah y a la tumba del Enviado – sobre él la plegaria y la paz – deberían encontrarse prohibidas, pues podemos encontrar en estos dos lugares sagrados una cantidad tal de esos objetos “que ningún ojo ha visto ni oído escuchado”. ¿Acaso ignoras que el velo el cual recubre la Ka’aba está confeccionado de seda pura, y que se encuentran en estos dos santuarios innumerables recipientes de oro y plata? Si pues estos objetos constituyeran efectivamente un impedimento legal a la visita, esto invalidaría el peregrinaje de la comunidad musulmana.[5]

En cuanto a mí respecta, digo que los hombres no tienen derecho a vestirse con prendas de seda,[6] pero que el legislador no ha impedido el mirarlas, ya se trate de un ornamento mural o del velo de la Ka’aba, por ejemplo; y aun suponiendo que uno de estos objetos fuere prohibido concerniría únicamente a aquél quien se sirve de él y no a aquel quien lo contempla. He aquí cuanto yo conocía de la Ley antes de que Allah me hiciera descubrir tus ideas.

No obstante, después de haber afirmado que la visita es lícita, cuando las condiciones mencionadas por ti se encuentran reunidas, añades, «En todo caso, es mejor privarse de ella, cuenta habida de la debilidad de la fe en nuestra época, y que cuando un hombre desee pedir algo a Allah – exaltado sea -, puede hacerlo en cualquier momento: solamente cuentan su intención y su manera de manifestar su calidad de siervo de Allah.»

Yo diría que esta excepción que haces no es aceptable: cuando las condiciones las cuales afirmas convertir en lícita la visita se encuentran reunidas, esta es de hecho recomendable en razón de la orden dada por el Profeta de la cual testimonia la tradición[7].En caso contrario, la prohibición es aplicable como tú dices; en cuanto a mí, hasta hoy, he dicho siempre que es prudente no rendir dicha visita cuando existe un riesgo de mezcolanza entre hombres y mujeres; esto, siendo ya válido para aquél quien piensa estar en seguridad (“Sin embargo estos son pocos”[8]), lo será con mayor razón para aquel quien no piensa estarlo. Si pues las autoridades permiten a las mujeres el visitar las tumbas, debe serles dedicado un día en particular, y su recompensa será a cargo de Allah.

Seguidamente, mencionas uno de los pilares más importantes de la religión, aquel el cual permite conciliar todos los antagonismos; a pesar de que lo hayas perdido de vista en este panfleto con toda esa crítica a los miembros de las cofradías. Se trata de tu afirmación: «Solamente cuenta su intención».

Puesto que reconoces este principio, debes guardarte de no caricaturizar la intención de las gentes, sea cual fuere sea la naturaleza de lo que emprendan, pues sus actos podrían muy bien estar únicamente consagrados a Allah – exaltado sea . Bujari y Muslim han reportado este hadiz: “En verdad los actos no valen sino es pos sus intenciones, y cada uno tendrá según lo que él pretenda. Quienquiera que emigre por Allah y Su Enviado, su emigración le será contada como tal…[9]. Se ha transmitido asimismo el siguiente hadiz, relatado por Abu Hurayra: “El día de la resurrección, es la intención lo que será tomada en cuenta”.[10] He aquí el fondo del problema, para todas las cuestiones de ‘iytihad o de casos de divergencia. En efecto, todo creyente hace cuanto puede para aproximarse a Allah – exaltado sea - : todo depende pues de la intención como ha sido dicho.

Continuas este capítulo citando una serie de hadices los cuales explican la más pura doctrina de la Unicidad divina, como su palabra – sobre él la plegaria y la paz - : “Cuando pidas, pide sólo a Allah; cuando busques refugio, busca refugio en Allah…”[11] Estos hadices son aquellos los cuales constituyen el eje mismo del sufismo, en cuanto a mí respecta, no veo nadie más aplicado en preservar la pureza de esta doctrina que los sufís – que Allah esté satisfecho de ellos. Sus escritos son los testigos más equitativos, y quienquiera no se apresure a adquirir su ciencia no podría garantizar totalmente la pureza de su concepción de la Unicidad divina. Es por esto que el Imam de la comunidad de los sufís, Abu-l-Hasan al-Shadili – que Allah esté satisfecho de él -, ha dicho: “Quienquiera no se apresura a adquirir esta ciencia que es la nuestra muere perseverando en los grandes pecados”.

Explicas seguidamente que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha prohibido las visitas a las tumbas en los primeros tiempos del Islam: «Ciertos sabios dicen que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha prohibido la visita a las tumbas al principio del Islam porque en tiempos de la ignorancia preislámica, los árabes veneraban y quizás llegaban a adorarlas. Esta prohibición tendría como fin el purificar los corazones de los creyentes de cualquier elemento de idolatría. Sin embargo, cuando la fe monoteísta estuvo bien enraizada en ellos, la visita de las tumbas fue autorizada.»

Es esta una hipótesis probable. Otra posibilidad me viene a la mente: el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – puede ser que hubiera prohibido la visita a las tumbas al principio del Islam porque ninguno de los politeístas quienes estaban enterrados en ellas lo merecía. Cuando las tumbas estuvieron repletas de musulmanes y de mártires del Islam, fue autorizado el ir a buscar la bendición inherente a estas tumbas y el permanecer a su lado, de manera a esclarecer a los creyentes y a título de recuerdo – y Allah es más sabio.

Pero tu vienes a establecer una nueva regla: «Allí donde la ignorancia se generaliza, no queda otra cosa de la ciencia que su nombre, donde la fe se ha debilitado por la creencia de que el chayj visitado puede dañar o ser útil, la visita está prohibida para el común de los musulmanes, pues son las creencias de este tipo las que determinan el carácter autorizado o prohibido de dicha visita; por no hablar de la promiscuidad entre los hombres y las mujeres, las mujeres y los jóvenes, que constituyen con frecuencia el objetivo real de estas visitas.»

Este pasaje constituye una confesión pública por tu parte: estimas pues que es posible el cambiar el estatuto legal de un acto, prohibiendo lo recomendable o cualquier otra alteración de este género[12]. Es de temer que con tales pretextos, la religión de Allah caiga entre las manos de personas ligeras, quienes modifiquen los estatutos de la religión cuando les parezca vagamente que la causa original de un estatuto haya dejado de existir, o a la inversa, que un elemento inexistente en el origen constituya una causa nueva. ¡Allah es testigo! Estos sufís cuyos actos relatas, ¿han permitido aquello que está prohibido o prohibido lo lícito? En realidad, sus solas modificaciones de este género (si lo pudiéramos considerar así) son mucho más insignificantes que esto; ellas consisten, por ejemplo, en autorizar las reuniones para invocar a Allah diciendo en voz alta: “No ha divinidad sino Allah”, así como otros actos del mismo género. Tú pretendes que sus prácticas son innovaciones que extravían, mientras que aquello lo cual tú afirmas en este pasaje no puede ser calificado de otra manera que de “innovación”.

Justificas la prohibición por el hecho de que la masa cree que el chayj visitado puede dar o privar – es lo que tú acababas de enunciar – y otras convicciones del mismo orden. Por mi parte, considero que no existe nadie en la comunidad quien pueda creer una cosa tal. El común de los creyentes tiene simplemente la convicción que existen intermediarios entre Allah – exaltado sea – y ellos, a quienes se puede recurrir en los momentos importantes; y si tú pretendes poder pasarte sin ellos, él no estima haber alcanzado el grado en el cual dichos intermediarios se vuelven inútiles. De esta manera, tiene recurso a aquellos quienes están más próximos a Allah que él mismo lo está.

En cuanto a esta mezcolanza de hombres y mujeres la cual consideras como una causa suplementaria de prohibición, habrías debido hacer de ella la única causa de la prohibición de la visita a las tumbas, considerando que ésta, lejos de ser absoluta, es consecuencia simplemente de esta mezcolanza. Es cierto que es necesario prevenir contra esta práctica cuyas consecuencias negativas son evidentes: la promiscuidad de hombres y mujeres constituyendo por sí misma un peligro para la élite; ella lo es “a fortiori” para el pueblo.

A continuación, tratas de probar como la visita a las tumbas es inútil apoyándote en las palabras de Ibn Arabi al Hatimî: “El difunto no puede ser de ninguna utilidad, pues ser útil es obrar; ahora bien, su acción ha sido suspendida.” No es pues a consecuencia de que las condiciones necesarias no se cumplen que prohíbes la visita, sino más bien porque el difunto no puede servir; es evidente, sino no habrías invocado el testimonio de Ibn Arabi. Ahora bien, yo no digo que él se equivoque diciendo esto, sino, al contrario, afirmo que tú no has comprendido aquello lo cual él quería decir. Efectivamente, el difunto no puede servir desde el punto de vista de la educación del discípulo y de su progresión en la vía de Allah, las cuales precisan el frecuentar un maestro espiritual conocedor del camino espiritual, frecuentación ésta la cual es una condición de la vía.[13] Sin embargo, la utilidad para ir hacia Allah – exaltado sea – de los intermediarios e intercesores quienes son los mejores de Su creación, así como la bendición inherente a sus tumbas, son cosas bien establecidas por la Ley revelada. Más aún, si el legislador nos ha autorizado a buscar la bendición y la mediación de lo que es inanimado, como la piedra negra, la casa sagrada y otras cosas del mismo orden, no es precisamente para prohibirla cuando se trata de espíritus puros y cuerpos luminosos. ¡Por Allah!, procura no intentar ver en las palabras de Ibn Arabi una afirmación de la inutilidad de los muertos. En efecto, esta cuestión de la mediación y de la bendición inherente a las tumbas no concierne solamente a los santos, sino al conjunto de las personas a quienes Allah ha gratificado: los Profetas, los Verídicos, los mártires y los Justos (salihin). ¿Ignoras que Allah – exaltado sea – ha revelado a aquél quien es el apogeo de su gloria: “En verdad, tú eres un mortal como ellos”[14]?

Como puedes constatar, tu interpretación de las palabras de Ibn Arabi nos parece errónea. Pero, de todas formas, éste discurso tuyo no podría encontrar eco en las gentes de la Tradición. Estos últimos no cesarán de respetar a los antiguos, de buscar la bendición inherente a sus tumbas, así como su mediación, hasta el día en el cual no haya nadie más sobre la tierra para decir: “¡Allah, Allah!” conformemente al hadiz.[15]

Sea como fuere, ya veo que cumples bien con tus obligaciones, pues después de haber difamado a ultranza a los miembros de las cofradías, prevenido contra su frecuentación, y tratado de probar el cómo encontrarlos en vida no sirve para nada, has temido que algunos llegaran a imaginarse como visitarlos muertos podría tener un interés cualquiera que fuere: he aquí pues el motivo por el cual has citado a Ibn Arabi. En resumen, tu panfleto trata de demostrar el hecho de que ellos no sirven finalmente para nada: ni vivos ni muertos. Siendo esta tu apreciación, sabe que la de Allah es mucho más elevada.



[1] Desaforado ataque del Imam tunecino, el cual seguramente representaba una avanzadilla del ejército salafista. Esta doctrina está haciendo estragos actualmente en una parte de la juventud musulmana. Su semilla es sembrada en el campo “virgen” de un desconocimiento absoluto de la verdadera doctrina del Islam y abonada por la sinrazón más primitiva. Esta obra del chayj al-Alawi puede ayudar a poner el orden allá donde existe confusión y desconocimiento.
[2] Corán: 39 - 15
[3] Kanz 34483
[4] Corán: 38 - 86
[5] Esta demostración tan simple denota de la escasa capacidad intelectual de aquellos quienes destruyen su inteligencia y perspicacia naturales, siguiendo las tesis wahabitas y salafis.
[6] Se trata de una prohibición únicamente dirigida al hombre, no a la mujer, la cual puede vestirse con seda y adornarse con objetos de oro, a diferencia del hombre.
[7] “Antes os prohibía visitar las tumbas, pero ahora visitadlas”
[8] Corán: 38 - 23
[9] Kanz - 7263
[10] Kanz 7242 a 7245
[11] Doctrina del Tawhid (Unicidad divina). Ver las notas del Anexo.
[12] El estatuto legal de los actos, según la Ley islámica, se encuentra entre una de estas cinco divisiones: Obligatorio, recomendable, desaconsejado, prohibido e indiferente.
[13] El chayj Mawlai al-Arabi a-d-Darqawi decía lo siguiente: “…Efectivamente he visto muchas gentes quienes se vinculaban  al célebre santo conocedor de Allah, Abdul Qadîr al Yilani – que Allah nos haga aprovechar de él – y que pretenden que él es su maestro, mientras ellos están en vida y él – que Allah esté satisfecho de él – está muerto. Si la finalidad en esto es el beneficiarse de la misericordia divina, desde el punto de vista de su amor y apego por él, pensamos que una tal intención es loable y que no se puede esperar de ello sino un bien: la intención da valor a los actos como dice el hadiz: “En verdad los actos no valen sino por las intenciones y cada uno no tendrá sino aquello lo cual él pretendía. Si, al contrario, actuando así, ellos pretendían los mismos fines que las personas quienes se vinculan a los santos, a fin de que estos últimos les ayuden a aproximarse a su Señor – esta es la función de los santos vivos -, mientras que solamente un ignorante puede engañarse de tal manera. Si ello fuera así, Mawlana, el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – nos bastaría a todos, pues no hay persona más digna que él para ocuparse de los asuntos de las gentes…” (Carta número 17).
[14] Corán: 39 - 29
[15] “No llegará la hora mientras haya alguien en la tierra quien diga: ¡Allah, Allah!”. Kanz – 38485.